jueves 22 de septiembre de 2022 - 12:00 AM

Educación de calidad

Hace un par de días fue noticia nacional el hecho de que la Universidad Sergio Arboleda perdió su acreditación institucional de alta calidad en razón a que, al parecer, se incumplieron algunos de los requisitos que para tal fin exige el Ministerio de Educación Nacional. Dicha casa de estudios ha tenido en los últimos años bastante notoriedad, en razón a sus estrechos vínculos con el expresidente de la República y otros altos funcionarios del Estado, además de uno que otro escándalo en el que se han visto involucrados sus directivos académicos. Al final los realmente afectados son los estudiantes, que depositan su confianza pensando adquirir un servicio académico de alto nivel, que infortunadamente no es siempre bien compensado.

Pero más allá de lo correcto o no de la decisión del Ministerio de Educación en este caso, creo que es momento de reflexionar acerca de la necesidad de ajustar y mejorar los procesos de calidad educativa, al igual que los de evaluación para el otorgamiento de la respectiva acreditación. Mi primera experiencia en este tipo de trámites la tuve hace un poco más de 12 años, cuando participé como miembro de una institución universitaria. Allí fui testigo de cómo al interior de las universidades se desconocen cuestiones elementales por parte de toda su comunidad, y de cómo muchos de los más importantes procedimientos institucionales terminan convertidos en actividades mecánicas.

Aún así, lo más sorprendente fue el hecho de que gran parte de estos procesos de calidad terminan reducidos al diligenciamiento de cientos de formatos interminables, como si de cantidad se tratara todo, olvidándose así que la prioridad son los estudiantes. Una educación de alto nivel no puede medirse por el número de diplomas refrendados, sino por los logros que sus egresados obtienen, la importancia de sus investigaciones, o la movilidad internacional de su comunidad, entre otros factores. Tristemente, hoy día todo se reduce a contrastar ingresos y egresos, cual tienda de barrio. Claro, no en todos lados, y Santander es ejemplo de ello.

Personalmente creo que los procesos de acreditación aumentan la brecha de desigualdad y estratifican a la educación. Así como una mujer no puede estar “un poco” o “muy embarazada”, la educación no puede distinguirse entre “de calidad” o de “alta calidad”. O es buena o es mala, no existen términos medios. Ese precisamente debe ser el punto de partida.

RODRIGO J. PARADA
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