jueves 02 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

El tiempo lo dirá


Lo que Anaya logró, fue ubicarse en el radar de las autoridades y someter a su familia a lo mismo. ¿Logrará terminar su periodo? El tiempo lo dirá.

Bochornoso, por decir lo menos, es el único calificativo que se me viene a la cabeza cuando pienso en las elecciones de los contralores de Santander y Bucaramanga, dado el tipo de conflictos que se han venido generando con el paso del tiempo.

Concejales y diputados denunciados, arengas e insultos en plenarias, comentarios acerca de supuesta corrupción, en fin, de todo se ha visto en este último mes. Lo que debería ser un honor, pareciera ser una maldición: ser contralor.

Las contralorías a lo largo y ancho del país son las entidades encargadas de velar por el buen uso de los dineros públicos. Existen la general de la nación y las departamentales, distritales y municipales; sus funciones se ejercen dependiendo del origen de los dineros que los servidores públicos disponen.

Quienes las dirigen son designados de diversas formas, pero se supone que es la meritocracia la que orienta los procesos de elección.

En Bucaramanga y Santander lo que ha venido pasando es increíble. A nivel municipal se denuncia un supuesto interés de favorecer a algunos candidatos, sin olvidar que el hoy Contralor departamental y candidato, ingresó y salió de la terna de un día para otro; a esto hay que sumar que existe una acción de tutela que suspendió la elección. Y a nivel departamental el panorama no mejora: muchos diputados votaron en blanco, un par de concejales insultaron en la plenaria, y se eligió al candidato más cuestionado.

A Fredy Anaya no lo conozco y jamás hemos cruzado una sola palabra; mucho se dice de él, es verdad, y en diversos círculos sociales y políticos es ampliamente reconocido, entre otras cosas, por ser alguien inteligente, algo que no me queda claro.

Si Anaya fuera inteligente, no se habría sometido al escarnio del público a nivel nacional, y menos siendo el veedor del erario. Muchos años se ha hablado de él, de su fortuna y la de sus hijos.

Ser funcionario público es judicialmente riesgoso en nuestro país; los controles administrativos y judiciales son tantos, que es prácticamente imposible no tener que defenderse a diario. Lo que Anaya logró, fue ubicarse en el radar de las autoridades y someter a su familia a lo mismo. ¿Logrará terminar su periodo? El tiempo lo dirá.

Rodrigo J. Parada
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