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Rodrigo Javier Parada
Miércoles 21 de febrero de 2024 - 12:00 PM

Falta de voluntad

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Hace un par de días el Ejército de Liberación Nacional, informó a la opinión pública que las conversaciones para lograr la paz con el Estado, se encontraban en momento crítico dado que, supuestamente, se habían incumplido algunos acuerdos que previamente se habían establecido en la mesa de negociación. Básicamente señalan que: las acciones militares del ejército han aumentado, y que los diálogos regionales con las comunidades no estaban acordados. Una reciente propuesta hecha por el gobernador del departamento de Nariño, fue el “florero de Llorente”.

Luis Alfonso Escobar, gobernador de Nariño, dijo que en marzo se instalaría “la primera mesa de paz regional con un actor armado”, con el propósito de “hacerle entender al país y al mundo que una cosa son los diálogos a nivel nacional y otra cosa es territorializar la paz”. Esta propuesta no cayó nada bien en los delegados del ELN, que pareciera creen que la población no tiene derecho a opinar y que una firma con el gobierno nacional implica la aceptación de cualquier acuerdo.

Para nadie es secreto que el gobierno nacional ha sido especialmente laxo y complaciente con el ELN en el curso de esta negociación, hasta el punto en que en el ambiente hay una latente sensación de inseguridad como resultado de ello. Precisamente por ello genera cierto desagrado la actitud hostil con que el grupo guerrillero ha actuado, teniendo en especial consideración que hace tan sólo una semana se decretó un infame “paro armado” en el departamento del Chocó, que tiene confinadas más de 700 familias.

A lo anterior debe sumarse un hecho histórico que no es de poca monta: muchos acuerdos de paz se han suscrito con los distintos actores ilegales y cada vez nacen nuevas “disidencias”; pareciera que se trata de un círculo vicioso que no tiene buen pronóstico. Por supuesto que la desconfianza ciudadana en ese tipo de negociaciones está más que justificada.

Para lograr un acuerdo de paz que satisfaga los intereses de todas las partes, se necesita de un poco más de voluntad, pero también de carácter y seriedad por parte de los negociadores. El país no puede estar sitiado cada tanto y menos aún expectante y preocupado. La legitimidad del acuerdo depende de ello.

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