jueves 26 de mayo de 2022 - 12:00 AM

Política sin límites

La política del odio, la política de las falsas noticias, la política del ataque personal, debe erradicarse no sólo de nuestras familias sino en general de la sociedad

El día de ayer circuló en redes sociales una carta enviada por unos padres de familia de un colegio de Medellín a la junta directiva de la institución, reprochando el hecho de que se hubiera admitido allí a dos estudiantes que son hijas de Daniel Quintero, alcalde de la capital antioqueña. Lo cierto es que esta comunicación refleja una política sin límites y una ideología excluyente de parte de quienes la suscriben, porque allí se dice que se reprocha el hecho de haber admitido a dos menores de edad, que según los firmantes no podrían estar dentro de la institución, básicamente por ser hijas de quien son.

A tan sólo tres días de la eventual finalización del debate electoral presidencial, se hace necesario hacer una reflexión acerca de los límites de la política en nuestro país. Sorprende a cualquier persona coherente que los niños hoy día puedan llegar a ser afectados por lo que sus padres creen, opinan, o hacen. Si bien es cierto Colombia es un buen ejemplo de la diversidad de pensamientos y de ideas, no lo es de la sana convivencia de las mismas. Creer que a un niño puede limitarsele un espacio o la posibilidad de compartir con otros, por lo que sus padres han dicho en otras escenarios, es desconocer lo más elemental de una democracia participativa.

La política del odio, la política de las falsas noticias, la política del ataque personal, debe erradicarse no sólo de nuestras familias sino en general de la sociedad. Tener la capacidad de disentir, de compartir y por supuesto de estar de acuerdo, es lo que posiblemente nos puede llegar a mantener a flote como comunidad. Pero cuando en el debate se involucra a lo más sagrado de cualquier nicho social, como es la infancia, se hace necesario reflexionar acerca de lo mal que estamos cumpliendo nuestro papel, y más aún nuestro papel como padres de familia.

A Daniel Quintero no lo conozco y ninguna de sus actuaciones las comparto, pero como padre de familia me solidarizo con él y especialmente con sus hijas, por qué no es justo que los niños paguen las consecuencias de lo que incluso no entienden. Que la política no acabe con nosotros, y menos con nuestros hogares; al final, las elecciones van y vienen, pero las generaciones mueren.

RODRIGO J. PARADA
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