jueves 14 de octubre de 2021 - 12:00 AM

Prohibido morir

Colombia, un país donde los avances en materia jurídica suelen llegar décadas después, reconoció la eutanasia desde el año 1997
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A Martha Sepúlveda, la ciudadana que decidió someterse a la eutanasia, y cuyo procedimiento fue suspendido algunas horas antes de lo programado, le prohibieron morir. Es más: la obligaron a vivir en medio de sus dolencias, tristezas y penurias; como si fuesen dioses que pudieran decidir sobre quién debe morir. Qué paradoja: se trata del mismo argumento que se ha usado para rechazar el derecho a morir dignamente.

Colombia, un país donde los avances en materia jurídica suelen llegar décadas después, reconoció la eutanasia desde el año 1997. Se trató del primer país en América en el que se abordó el tema con responsabilidad. En aquel entonces, un ciudadano consideró que era inconstitucional que existiera un delito denominado “homicidio por piedad”, cuando finalmente se trataba de un acto de bondad hacia otro ser humano. La Corte Constitucional le dio la razón, pero le exigió al Congreso que “en el tiempo más breve” regulara el tema. Luego de 24 años, seguimos en espera.

Fue en el 2014, y luego de que una EPS se negara a practicar la eutanasia a una mujer que así lo imploraba, que la Corte Constitucional le exigió al Ministerio de Salud que expidiera una directriz al respecto. Tristemente, la demandante murió antes de conocer la decisión; seguramente, en medio de dolencias derivadas de su enfermedad. Luego de esto, se expidió la Resolución 1216 de 2015, a través de la cual se estableció el protocolo para llevar a cabo la eutanasia.

Pero el punto clave del debate se origina en la sentencia C-233 de 2021, en la que la Corte Constitucional amplió el ámbito del derecho a morir dignamente, para proteger no solo a quien sufre de una enfermedad terminal sino a quien experimenta una enfermedad grave, incurable y que le genere sufrimiento.

Martha sufre de una enfermedad neurodegenerativa que a futuro le va a impedir respirar sin ayuda mecánica. Hoy llora porque no puede ir al baño o valerse por sí misma. Su enfermedad es crónica y no tiene cura o prospecto de la misma. Aun así, a muchos les parece más humano verla postrada en una cama sufriendo, o muriendo a causa de un suicidio doloroso. Valiente bondad la que defienden.

RODRIGO J. PARADA
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