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Rodrigo Javier Parada
Miércoles 07 de febrero de 2024 - 12:00 PM

Qué sabe Armando

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La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) es una agencia adscrita a la ONU, que lidera un esfuerzo global para erradicar el hambre a nivel global, y cuya sede central se encuentra ubicada en Roma, Italia. Desde 1999, Colombia ha atendido todos los requerimientos de esa oficina desde la embajada del país en Roma, básicamente porque su capacidad operativa así lo permite. Durante el gobierno de Andrés Pastrana se eliminó la representación del país en la FAO (y en otros países) con el propósito de ahorrar costos que en aquel entonces rondaban por los 1.5 millones de dólares. Y así se mantuvo todo hasta hace un par de días cuando, “como el ave fénix”, resucitó la nueva embajada y su flamante embajador, Armando Benedetti.

El nuevo representante del país es célebremente recordado por haber dicho hace unos meses, cuando salió del gobierno nacional: “... prepárense porque yo en cualquier momento reclamo mi espacio político y no lo hagan para que vean, y si creen que es una amenaza, es una amenaza”. Y en efecto, le cumplieron, sin importar que el suspendido canciller Leyva lo hubiese calificado en su momento como un “drogadicto”.

Algo muy importante debe saber Armando como para que el presidente haya decidido vincularlo de nuevo al sistema diplomático, sin importar el complejo conflicto que llevó a que Laura Sarabia también tuviera que dar un paso al costado. No hay otra explicación.

Y el nombramiento le llega a Benedetti en un momento crucial, ahora que la Corte Suprema está próxima a resolver su situación jurídica dentro del proceso que por lavado de activos se le adelanta. Luego de que tome posesión en su nuevo cargo de embajador, el proceso deberá enviarse a la Fiscalía para que desde allí se retome la actuación. Un respiro para don Armando, que además tiene ciudadanía italiana, por si las cosas no le salen como espera.

Tristemente, y a costa del presupuesto de la nación, ahora tendremos que costear el aparente silencio de Benedetti, quien estará a cargo de una embajada (con sus empleados y demás) que sólo va a generar gastos innecesarios. Valiente cambio.

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