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Rodrigo Javier Parada
Miércoles 24 de enero de 2024 - 12:00 PM

Se quema el rancho

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Así se llama un famoso tango de los años 60, cuya letra dice “...se quema el rancho, con el candil se encendió, qué mala suerte, tan linda fiesta, cha que lo tiró”. Y precisamente eso ha venido pasando en Santander (y otros lugares del país) recientemente, donde la irresponsabilidad de los ciudadanos, el fenómeno ambiental y la incapacidad operativa, ha generado el que sea quizás el mayor daño al ecosistema en tiempos recientes. Aun cuando las autoridades municipales y del departamento desplegaron todos los esfuerzos necesarios y de manera urgente, la situación fue absolutamente inmanejable; en palabras de un alto dignatario con quien dialogué: la situación nos superó a todos.

Empecemos por el principio: salvo situaciones excepcionales, los incendios no inician como por arte de magia. No; por lo general la quema de hojarasca y la mala disposición de las basuras, generan conflagraciones que muchas veces se salen de control. Y si sumamos una ventisca, la capacidad del daño se multiplica. Este tipo de situaciones tienden a presentarse en zonas rurales, donde, evidentemente, la cantidad de plantas y árboles es mayor, y por tanto también lo es el daño.

Con el paso del tiempo se ha venido hablando de la afectación al medio ambiente (sin que se tomen medidas reales) y hoy estamos viendo las consecuencias. El incremento en el uso de vehículos y de plásticos, la extracción de minerales a cielo abierto, y la contaminación de las fuentes hídricas, han generado un impacto tal, que hoy día las temporadas de verano e invierno son francamente impredecibles. La temperatura aumenta o disminuye inexplicablemente, mientras la naturaleza sufre las consecuencias de nuestra irresponsabilidad.

Y aunque el gobernador Juvenal Díaz y el director de la Oficina de Gestión del Riesgo, Eduard Sánchez, han estado directa y juiciosamente tratando de contener los incendios (una actitud que merece reconocimiento), es innegable que la situación desborda la capacidad operativa del departamento. Es urgente gestionar recursos para adquirir nuevos equipos, o en un futuro repetiremos la situación que hoy nos agobia. No podemos depender del gobierno nacional y menos aún de los gobernantes de turno; Santander debe contar con aeronaves y vehículos propios en un corto plazo o el “rancho” se quemará de nuevo y el daño será peor.

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