jueves 23 de noviembre de 2023 - 12:00 AM

Rodrigo Javier Parada

Timonazo a la derecha

El pasado domingo en la Argentina se eligió como nuevo presidente al autodenominado “libertario” Javier Milei, después de 20 años de gobiernos socialistas que iniciaron con el mandato de Néstor Kirchner. Milei, un emergente de la política argentina, hizo su campaña insultando, gritando y humillando a todos sus contrincantes; en general nadie se salvó de las ofensas que espetó en medios de comunicación y redes sociales. Disfrazado de superhéroe, usando una motosierra, o simplemente vociferando en cualquier escenario, Javier Milei cautivó al 55 % de los votantes y promete una reestructuración al interior del gobierno nacional.

Personalmente el estilo del nuevo presidente argentino me preocupa, porque desde el inicio de la campaña ha anunciado que restringirá muchos aspectos que hoy día cualquier persona asume como elementales. Indudablemente dará mucho de qué hablar y eso le fascina. Es más, podemos dar por descontado que los choques entre poderes públicos y representantes políticos, estarán a la orden del día. Por ejemplo, varias de sus propuestas tendrán que pasar por el filtro de la Corte Suprema y allí seguramente encontrará límites infranqueables.

Dolarizar la economía, eliminar ministerios, romper relaciones con países cuyos gobiernos sean comunistas, y cerrar el Banco Central, son algunas de sus propuestas más llamativas. O sea, una especie de “Rodolfo Petro”, es lo que hoy tienen los argentinos. Una mezcla de todo lo malo que caracteriza a los últimos candidatos a la presidencia colombiana, y sin ninguna de sus virtudes.

Lo que el continente entero está empezando a experimentar es un violento timonazo a la derecha, especialmente a la radical. Malos gobiernos de izquierda y su nefasta administración, han llevado a los ciudadanos a optar por elegir mandatarios disruptivos e inexpertos, que pueden terminar hundiendo a cada país. Es acá donde las instituciones deben mantenerse sólidas para proteger al Estado de Derecho, que así a muchos les parezca excesivamente paternalista, es lo mejor que hemos tenido desde nuestras independencias. Los ciudadanos esperamos un cambio y por supuesto una mejoría, pero en esos intentos puede ser peor el remedio que la enfermedad. Los argentinos con Videla y los chilenos con Pinochet, saben muy bien de qué hablamos.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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