domingo 30 de noviembre de 2008 - 10:00 AM

Al final sí importa quién tiene razón

El New York Times publica un comentario sobre el libro de Gordon M. Goldstein que describe los esfuerzos de Mc George Bundy para comprender, en los años después de haber renunciado a su posición en la Casa Blanca, los errores que había hecho como asesor de seguridad nacional de Kennedy  y de Johnson.

Fue  uno de los arquitectos principales  de la intervención  militar de EU en Vietnam y uno de los intelectuales norteamericanos que más tuvo que ver en la concepción y desarrollo de esa guerra.
 
En el New Yorker esta semana aparece una cronología de la carrera de Ben Bernanke desde su inicio, su ingreso a la Reserva Federal y el ascenso que tuvo hasta llegar a su actual posición como Presidente.

Ambos casos ilustran cómo 'la persona más inteligente que estaba en el recinto' pudo haber dado tan pobre asesoría a su jefe, el Presidente. Dos hombres de indisputables credenciales que jugaron un papel clave en decisiones que a la postre trajeron consecuencias calamitosas. A Bundy lo cegó su confianza inmutable en la utilización del poder militar, en preferencia a soluciones diplomáticas. Al final de su vida dejó una nota manuscrita sobre documentos que él mismo había elaborado 30 años antes, que decía que 'las palomas tenían razón', admitiendo que su país no debió haber intervenido en Vietnam.

 Bernanke parece ser más modesto, pero su confianza en sí mismo también es muy alta. Les proporcionaba a sus superiores, primero Alan Greenspan y luego Bush, respaldo técnico y académico para sus políticas y sus creencias. El aporte más importante de Bernanke en esas épocas fue suministrarles justificación para no desactivar a tiempo las burbujas, financiera y de finca raíz, que reventaron este año. Bernanke opinaba que reparar el daño que sobrevendría iba a ser un menor problema que intervenir, o que no iba a ser problema.

Dos o tres billones de dólares más tarde, es claro que no tenía razón. Ha tenido que responder por ello y carga consigo una frase que Lincoln reservaba para responder a sus críticos: 'Si yo respondiera todos los ataques que me hacen, esta tienda estaría cerrada para cualquier otro negocio. Estoy haciéndolo como mejor sé hacerlo –lo mejor que puedo y me propongo hacerlo hasta el fin'. Si el final me da la razón, lo que se dice contra mí no va a tener importancia. Si no me la da, tampoco'.   

La mayoría de los que han estado en posiciones de responsabilidad han sabido que la probabilidad de equivocarse es muy alta, y que hay que encontrar un equilibrio entre defender vigorosamente y con honestidad las decisiones, y la de dejar un espacio para corregirlas o aún, reversarlas. En eso consiste la ciencia de lo que López Michelsen llamaba el 'chamboneo', que parte de entender que se está chamboneando. Ello permite corregir rumbo a tiempo y hasta dar virajes de 180 grados. Pero hay iluminados que el único viraje que están dispuestos a dar es de 360 grados. Ellos, que con frecuencia son líderes carismáticos, entierran a sus países con ellos por no haberlos seguido como ellos querían. 

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