domingo 12 de julio de 2009 - 10:00 AM

Conflictos de interés

El prestigioso Washington Post está enfrentando las consecuencias de una mala idea que ha dejado a sus directivos mal parados y que tiene al periódico con la cara roja. Al equipo de mercadeo de ese diario se le ocurrió que el periódico podía sacarle plata al acceso que tienen sus directivos a los funcionarios al más alto nivel decisorio en la administración federal, a los poderosos miembros del Congreso y a las demás fuerzas vivas de esa capital.

Publicaron un folleto que se distribuyó entre los traficantes de influencias, los notorios lobbystas de Washington, en el que ofrecían cupos, a razón de 25 mil dólares por sesión o un cuarto de millón de dólares por varias, para asistir junto con las directivos del diario y la plana mayor de la administración de Obama y del Congreso a veladas en el 'salón' de Katharine Weymuth, su publisher (la que publica el periódico), que es la nieta de la legendaria Katharine Graham, quien desde esa misma posición dominó la escena política de Washington durante décadas. El folleto ha circulado ampliamente y fue denunciado por Politico, un blog de Nueva York. A los pocos días, el Washington Post respondió con un artículo en el que confirmaba la existencia del folleto y decía que se estaba reconsiderando la decisión y que posiblemente se trataba de un error atribuible a la inexperiencia de la señora Weymuth. Pero el blog Politico y diarios rivales como el New York Times no les permitieron esa salida más o menos honrosa. Dicen que Weymuth no es ninguna ingenua, que lleva 12 años en el nivel directivo del diario y que tiene un grado de MBA de la Universidad de Harvard. El blog informa que el ombudsman del Post ha llevado a cabo su propia investigación y ha comprobado que el folleto, el 'salón' y sus implicaciones éticas habían sido discutidos internamente en el periódico al más alto nivel.

En efecto, el director de mercadeo había puesto en conocimiento del editor jefe las dudas que tenía sobre las ramificaciones éticas en una nota electrónica que fue conocida por la Publisher y hasta por el presidente del diario, y que se había dicho que el folleto era 'una mala idea'.

Katharina Graham y su marido no eran ajenos a utilizar su poder para obtener objetivos políticos, pero ejercían su poder con elegancia, desprendimiento y, sobre todo, con discreción. El abuelo de Weymuth reunía a políticos o funcionarios que estaban haciendo algo mal o contrario a lo que él pensaba que era conveniente y les decía que no iba a publicar nada, siempre y cuando revisaran su comportamiento y/o sus políticas. A la luz de los estándares éticos del periodismo actual en los Estados Unidos, esta práctica no sería considerada correcta, pero el señor no lo hacía para beneficio propio ni 'mercadeaba' ese servicio, como lo hacen el Post y otros.

El blog Politico reveló que el diario de Washington no está solo en ese comercio de influencias y que el Wall Street Journal y The Economist ofrecen servicios similares. En nuestro país, conocidos periodistas tienen agencias de relaciones públicas y los columnistas también estamos expuestos a conflictos de interés. La pregunta que debe hacerse cada cual cuando estos conflictos aparecen es '¿si lo que se va a ganar vale la pena para poner en riesgo la credibilidad y el vínculo que cada cual tiene con sus lectores?', como recomienda el director del Proyecto Pew de Excelencia en el Periodismo.

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