domingo 21 de junio de 2009 - 10:00 AM

Fracaso de la guerra contra las drogas

La ONU reporta que entre 2007 y 2008 cayó la producción colombiana de drogas en un 28 por ciento (18 por ciento por reducción del área sembrada y el resto por caída en la productividad). Este resultado es alentador, aunque la producción se multiplicó por diez en el Catatumbo y continua estable en Nariño. El buen resultado observado en Colombia es atribuible parcialmente a la erradicación manual y a una caída de la demanda mundial.

Lo ideal sería que cayera año tras año la producción en las mismas proporciones que se observaron en 2008, y si el problema cruza la frontera, mejor aún (el descenso en Colombia coincide con aumentos en la oferta de Bolivia y Perú). El presidente Uribe ha dicho que ha desmontado el paramilitarismo y ha debilitado a la guerrilla, pero que mientras continúe el narcotráfico 'existe peligro'. El narcotráfico alimenta financieramente a la guerrilla y a los paramilitares y si estos desaparecieran fomentaría otras formas de violencia y otros ejércitos ilegales, o pandillas armadas. El comercio de droga se nutre de la debilidad del estado, de la violencia y de la anarquía y se apoya en los grupos armados que sustenta.

Si Colombia pudiera exportar el problema de la coca y si las mafias se fueran para el Sur donde se mimetizan y son menos implacables porque no actúan como locales ni están aliadas con las élites regionales, podríamos ignorar que la guerra contra las drogas, como ha estado concebida hasta ahora, ha fracasado en todo el mundo.

En medios como son el Financial Times, el Economist, el Wall Street Journal, y el New York Times, han aparecido artículos de colaboradores serios que exigen una política distinta. La semana pasada, Nicholas Kritof escribió en el New York Times que Richard Nixon comenzó la 'guerra contra las drogas' hace 40 años y que después de haber gastado un millón de millones de dólares en esa lucha, lo que se observa ahora es que 'las drogas ganaron'. Se necesita una nueva política y otra ideología para atacar el problema. El mundo pide un cambio de paradigma.

Cautelosamente, la administración Obama parece dispuesta a emprender ese camino. El nuevo zar anti drogas ha manifestado públicamente que desea suprimir la fraseología de la 'guerra contra las drogas' y pasar de criminalización a tratamiento. El gobierno de Portugal ha tomado la iniciativa de descriminalizar el consumo de droga y proveer tratamiento gratuito. Los resultados parecen indicar que esta política no ha aumentado el consumo en Portugal, y si ha reducido significativamente el daño colateral de las políticas de represión policiaca tradicionales.

El gobierno ha ignorado estos desarrollos, quizás por temor a comprometer la ayuda que recibe para el Plan Colombia. No se manifestó cuando Gaviria, Cardoso y Zedillo pidieron tratar el consumo de drogas como un problema serio de salud. Pero si desea derrotar a la violencia conviene que principie a pensar como intervenir en la formación de las nuevas políticas.

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