viernes 21 de agosto de 2009 - 10:00 AM

Bullying social

Me gusta esa obsesión de los colegios por neutralizar el 'bullying' (matoneo dicen ahora los maestros en Bogotá). Mejor dicho, cuando a un niño 'se la montan' en el colegio, lo atemorizan o lo violentan. Y me gusta porque las veces que alguna de mis hijas ha sido víctima de algún monstruo imberbe, en mí se encarna Herodes el infanticida. Pero claro, se trata precisamente de obrar sensatamente hacia la solución civilizada y madura de las diferencias.

Lo desconcertante es que la cifra de los individualistas formados en la ley del más fuerte, dispuestos a dar codazos e imponerse por las vías de hecho sobre los otros, crece en progresión geométrica. Es cultural, tenemos la mentalidad desviada por un complejo de privilegio que está profundamente arraigado.

Empezando por lo simple; fíjense en la tranquilidad con que los transeúntes se detienen a conversar justo en la boca de una escalera. Vean el inaudito trancón humano en la entrada al muelle internacional de un aeropuerto, causado por la escena desprevenida de familiares y amigos despidiéndose de los viajeros, justamente en el lugar por donde otros queremos pasar. Nos 'vale huevo' el otro y su derecho a compartir el espacio vital que está destinado al uso público. Eso es agresividad pasiva. Y hay más.

Es inconcebible que seamos incapaces de entender, por ejemplo, que siempre debe tener prelación el peatón, simplemente porque está en desventaja. Incluso argumentamos, cómodamente protegidos tras el volante: 'él me vio venir'; 'pasó muy despacio la calle'. ¿Y qué?, si sobre quien pesa el deber de mayor cuidado, ¡es precisamente sobre el que tiene potencial de causar más daño!

En los colegios, ahora con la maña importada de actuar en gavillas (los 'populares' contra los 'nerds', los deportistas contra los gordos, etc.), el asunto se agrava. Nos aislamos frente a las necesidades o características del otro y, además, lo aplastamos en gavilla, con 'sofisticadas' expresiones de maldad que exceden en mucho las antiguas prácticas del apodo y la burla, que no son nada comparados con las extorsiones y actos delincuenciales de ahora. Si por lo menos nos tomáramos el cuidado de mostrarles a los hijos que la convivencia exige consideración y respeto por todos los demás, le haríamos un mayor favor a nuestra sociedad que el que pretendemos hacer con izar la bandera los días patrios.

Publicado por
Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad