viernes 09 de abril de 2010 - 10:00 AM

De otros Judas y otros Cristos

Desde la posteridad, la mirada sobre los hechos se dificulta por la distorsión que les añade la incertidumbre sobre los motivos y las causas de cada situación. Siempre en los nudos históricos se entrelazan nobles intenciones con secretos y vanos móviles. El Cristo de Semana  Santa sale airoso por la resurrección; mientras la traición de Judas deja oculta la de otros cobardes que quedaron montados en el proyecto revolucionario del Redentor, a pesar de haberlo negado tres veces.

Con el bicentenario se asoman a la vista de cualquier curioso, figuras cuya grandeza resulta tan imponente, que desdeñan cualquier estatua. Francisco de Miranda es quizás el más notorio de esos perfiles. Caraqueño, éste profundamente  ilustrado, liberal practicante y librepensador, cuya acumulación de experiencias heroicas en Europa y Norteamérica, así como sus influencias invaluables en la iniciación del movimiento libertador, no cabrían aquí. Miranda, el Precursor, es quizás el único latinoamericano que realmente participó en los acontecimientos de Europa y América que prepararon la independencia de las colonias españolas en ultramar; más que un precursor es el único 'suramericano universal'.  Su inserción en la historia universal –ya había tenido importancia en la península ibérica-, comienza con su relación estrecha con los padres de la independencia americana, en particular con Samuel Adams, George Washington y Alexander Hamilton, lo que luego lo llevó a Londres, desde donde inició su admirable periplo por Europa. En todos los lugares fue protagonista. Ya iniciado en la masonería, llegó a París en pleno auge de la revolución francesa y fue puesto al mando del ejército francés que luchaba en Bélgica. Es el único iberoamericano cuyo nombre aparece en el arco del triunfo en París.  Su protagonismo lo llevó a relacionarse con monarcas como Gustavo II de Suecia, el músico Haydn y múltiples intelectuales y hombres de ciencia de la época. Incluso estuvo en la corte rusa, en donde se dice que fue amante de la legendaria Catalina II. Cuando era propagandista de la revolución suramericana e inspirador de personalidades como San Martín y Bolívar, volvió a América a petición del propio Bolívar para encabezar el movimiento revolucionario.  Luego, el mismo Bolívar lo detendría en Venezuela, mientras dormía, para traicionarlo entregándolo a España, donde moriría mientras organizaba su fuga a Londres para seguir luchando por su proyecto de naciones libres suramericanas: 'Colombia'.

 

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