viernes 22 de mayo de 2009 - 10:00 AM

Debates abiertos sobre temas espinosos

Es cierto que evitar hablar de ciertos temas no conjura su existencia. Creo sin embargo que hablar incesantemente de lo mismo es agotador –de conciencias y de colectividades.

Mejor dicho, hay diálogos productivos y otros que nacen estériles. Muchos colombianos sienten que la discusión pública sobre 'falsos positivos', 'chuzadas telefónicas', 'para-política', reelección y resquebrajamiento del equilibrio democrático (qué cantidad de eufemismos juntos), está desgastada, se reduce a las formas y nunca llega al fondo. Me uno al cansancio; aunque sigo pensando que manifestarse es y será una libertad esencial y un ejercicio necesario.

Al margen de éstos, hay otros temas que rondan la opinión –incluso internacional- y que empiezan a debatirse con mayor agitación en los foros. El aborto (España está movida), la legalización del consumo de drogas (Portugal) y las uniones entre homosexuales (ahora New York está en la mira), están causando alboroto. Estos asuntos solo pueden discutirse real y sesudamente, por fuera de los dogmas, desvistiendo la razón de atavismos seculares o religiosos, pues de lo contrario, el debate es paralizante y estéril. No sobra decir que estoy genuinamente convencido, no solo de la viabilidad del aborto, del consumo personal de droga y de las uniones entre personas del mismo sexo, sino de su solvencia ética y social, teniendo en cuenta que cualquier código moral debe cifrarse en la libertad y la dignidad del individuo.

Pero hay otro tema: la eutanasia.  Es amplio y reúne tópicos como el rechazo voluntario al tratamiento, el suicidio asistido, la abstención y retiro de la asistencia médica. La discusión se centra en el 'apresuramiento' de la muerte con motivo de situaciones de extremo sufrimiento o inviabilidad de la vida. Suele perderse el hilo en medio de la falacia de que 'no es tan grave' omitir hacer, como actuar directamente para propiciar la muerte. Desde luego, la racionalización del asunto es bastante compleja, pero sobre todo por inexperiencia.

Me sedujo una cita de un texto de Oscar Wilde que trae a colación Gisela Farias para introducir su estudio sobre eutanasia: 'El peor crimen es la falta de imaginación: el ser humano no se compadece de aquellos males de los que no tiene experiencia directa, ni de aquellos a los que él mismo no ha asistido'.  Mejor dicho, en todo caso es útil ponerse en los zapatos ajenos.

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