viernes 12 de marzo de 2010 - 10:00 AM

Dignos de nuestra Corte

Si alguna mella dejó en la conciencia democrática de los colombianos el reciente fallo de inconstitucionalidad de la ley del referendo, eso se pondrá en evidencia en las elecciones del domingo próximo. Si somos un pueblo soberano y digno del Alto Tribunal Constitucional y de su talante independiente y serio, lo demostraremos ahora.

Y haremos gala de ese sustrato democrático que salió a flote en la sociedad colombiana, votando, por supuesto, pero votando como corresponde a una política madura. Porque votar, simplemente votar, eso lo hacen todos. En Venezuela votan copiosamente para elegir a Chávez, votaron para permitir su reelección, votaron para ponerle en las manos poderes extraordinarios y dejar a sus pies un poder legislativo (Asamblea Nacional) servil y solo interesado en sostener al caudillo, aunque fuere a costa de los intereses de todos. Debemos votar multitudinariamente, confiados en las instituciones que terminaron imponiéndose a través de ese fallo de la Corte que puso de presente la importancia de la supremacía de la ley, incluso en algunos casos sobre la simple y llana voluntad popular, que afincó en nuestra democracia el sistema de frenos y contrapesos y la alternancia en el poder. Votar masivamente será darle un espaldarazo a la Corte y una ratificación soberana a la Carta de 1991.

Pero hasta ahí los agradecimientos. Ahora las oportunidades. Hay que votar también para desvirtuar vicios electoreros y desestimar mitos autocráticos. Y eso es votar racional y objetivamente, sin otras consideraciones que el beneficio común y la representatividad de ideales superiores; por un partido o movimiento con ideario consistente y por personas probas que lo encarnen. Y votar para desmontar mitos como el de la necesidad de que el Congreso elegido sea completamente adepto al Gobierno. Los últimos años de 'unanimismo' y la reinstauración del sistema de frenos y contrapesos que sacó adelante la Corte, nos tienen que enseñar algo. No importa que el Congreso sea plural y multipartidista, es más, así es que debe ser para que los intereses esenciales del Estado, los que competen al legislador, sean discutidos por un órgano realmente representativo y además para que el control político esté en manos de bancadas independientes, pero también para que las iniciativas gubernamentales que deban ser elevadas a ley, cubran intereses generales y se decanten en el ácido rasero de la discusión multipartidista.

 

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