viernes 11 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

El día 'N' en Bogotá

Con octubre comienza a desanudarse el año y solo los que tienen la mentes sanas dicen: 'esto ya se fue así'. Los demás, los ansiosos, los ingrávidos que le vendimos el alma al demonio de las calendas y rezamos el credo supersticioso del tiempo, nos desbocamos a cerrar ciclos, a cumplir metas apuradas y luego a agotar el insulso ritual de los regalos, los aguinaldos, las vacaciones y las reuniones con gente que no nos importa, antes del fatídico día 'N'.

¿O es que ustedes realmente se creen el cuento de que son buenos porque les llevan una caja de pañuelos a esos parientes que padecen tragedias todo el año sin su compañía? ¿Acaso creen que la ancheta con una lata de atún, unas galletas y un vino barato que le dan al vigilante del edificio sirve para algo más que lavar por un ratico su conciencia? ¿Sinceramente piensan que tres juguetes baratos y unas bolsas de leche arrojadas en una visita relámpago a un hogar de niños abandonados, sirve para hacernos mejores personas? Yo ya me descaré. No doy plata en el semáforo, no recojo trapos viejos para llevar al asilo como  aguinaldo, no visito gente en la que ni siquiera pienso durante todo el año y mucho menos compro regalos. No, dejemos esa vagabundería. El día 'N' tiene todo menos de Navidad. Será, si acaso, 'n' de narcisismo,  para engañar el ego con falsas posturas bondadosas.

Y si la idea es más pagana y parrandera, pues la temporada decembrina es la menos propicia para el goce. Las playas son un infierno de bañistas, las ciudades son un enjambre de tráfico insufrible y precios desorbitados, los parques son una avalancha de turba enardecida fingiendo felicidad.

Pero después de un año difícil, con crisis económicas, pandemias y cambios climáticos sensibles, nadie niega que conviene una temporada de recogimiento o aislamiento reflexivo. '¿Pero en la casa?', gritó mi hija desconsolada cuando lo propuse. Entonces tuve que escoger lugar. La costa descartada –tengo que aprovechar este arranque de originalidad-. Mi vecina desde que se quebró, dice que un viaje al exterior es una lobería en Navidad –parece que aprendió muy bien a darle caché a la falta de plata-. Entonces a Bogotá, es el único sitio placentero, vital y realmente divertido en el fin de año.

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