viernes 20 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

El nuevo conocimiento

Que no saben investigar, que se vencen ante el primer obstáculo o que no profundizan, son solo algunas de las cosas que se dicen de las generaciones de la Internet. Se trata de adolescentes para quienes el diccionario, las planas de caligrafía, la memorización, el atlas, la enciclopedia o la regla de cálculo son asuntos tan extraños y repugnantes, como para nosotros los vomitorios romanos.  Jóvenes para quienes el mundo no es un 'dibujito' redondo de porciones verdes y azules que hay que recordar para pasar el examen, sino una vivencia que conocen con naturalidad, en el que tienen amigos con los que 'chatean' en inglés; una esfera inmensa pero cercana de cuyo contenido cultural, político e histórico tienen mejor idea que cualquiera de sus padres.

Y sí saben investigar, es más, lo hacen mejor y más enfocados. Al llegar más fácil y naturalmente al conocimiento universal porque lo tienen en el extremo de cualquiera de sus dedos, la curiosidad de los más inquietos se aplica al descubrimiento de lo realmente desconocido. Para nosotros 'investigar' era perder horas en desentrañar de las bibliotecas la información que era ya 'pan comido' para los maestros y los padres. Ahora el conocimiento que está en la red es todo; entonces el concepto de investigación empieza a tomar su verdadero sentido. Los 'pelaos' acceden a lo conocido sin esfuerzo y, por ende, están más dispuestos a experimentar, comprobar, errar y formular tesis, todo lo cual está más cerca de la experiencia del conocimiento, que la simple labor de recaudo de aquello que ya está en los libros. Y las artes, claro. Los 'culicagados' están entendiendo más rápido las sociedades foráneas que la propia. Por consiguiente, cuando para alguien la diversidad de las culturas, las razas y las historias son un asunto vívido, con el que se tiene contacto a través de las redes sociales virtuales o el chat, la sensibilidad artística fluye espontáneamente, y con ella una visión más humanizada e incluyente del mundo. Incluso en los colegios 'no confesionales' la clase de religión se imparte ya no como un adoctrinamiento ciego, sino como una muestra de la dimensión espiritual de los diferentes pueblos; verdadera culturización para abrir el entendimiento en lugar de cerrarlo con dogmas. Que viva la generación Internet, rápida, 'líquida' (como diría Zigmunt Bauman), adaptable y tolerante.

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