viernes 08 de mayo de 2009 - 10:00 AM

El ojo fuera del foco

Los ojos del mundo están puestos en la gripe porcina. La gente se lava las manos, los niños se van a la cama con temor por las advertencias que copan los noticieros y la prensa. 

Los más paranoicos usan tapabocas para salir a la calle, para ir a trabajar y para entrar a las iglesias. Allí un curita ungido por la doctrina, inflará sus rozagantes cachetes para vociferarles  a sus feligreses que oren por los enfermos y que no estornuden, en defensa de la vida.

También, a pesar del pandémico SIDA, apretará sus piernas para rechazar el uso del condón y hacerse con ello copartícipe de la catástrofe. Ahí es cuando yo me tapo la boca, pero para no vomitar. Finalmente, el curita escupirá un par de palabras de fingido repudio y perdón para el buen padre Alberto Cutié, quien fue expulsado de la clerecía por estar en las playa de Miami haciendo lo que todos los curas debieran: liberar su santa zarpa en las nalgas de una provocativa dama, eso sí, mayor de edad y preferiblemente soltera; a la postre, los mismos curas y su rebaño serían los beneficiados, pero sobre todo los niños de la parroquia.

Todos enfocados en la gripa; mientras tanto, siguen gravitando alrededor de ese falso foco las otras pandemias. El SIDA en el mundo; la tuberculosis y el paludismo en África; el cigarrillo que contribuye a propagar la pandemia del cáncer;  la violencia y el abuso contra los menores; el Alzhaimer, la pobreza de comunidades marginales de Bogotá y Cartagena; entre otras. Pero no, de eso ni hablar, el ojo debe estar enfocado donde es apropiado, es decir, lejos de las cosas por las que no se hace nada.

Y aquí, para bochorno mayor, mientras los crímenes de Estado -eufemísticamente denominados ahora 'falsos positivos'- siguen ocurriendo, se nos pide que tengamos 'solidaridad con las fuerzas militares'. Es decir, con los armados, con los culpables. ¿Y las madres sin voz de muchachos desaparecidos o asesinados simplemente para llenar una estadística? Pues no, la institución castrense está enferma y a los colombianos de bien nos causa vergüenza lo que pasa. Claro, no deben pagar justos por pecadores, pero la solidaridad es para las víctimas. Y que alguien grite el dolor de éstas. Que en eso no nos desvíen el foco. 

 

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