sábado 09 de diciembre de 2023 - 12:05 AM

El rincón

Todos debiéramos tener un rincón saludable: la meditación, el deporte, la lectura
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Hubo generaciones de niños a los que castigaban parados con la cara frente a un rincón del aula de clase. Y aunque no sé si eso es traumático -casi todo lo es ahora-; me gusta la idea de un rincón real o virtual para amainar aguaceros de emociones incómodas. Todos debiéramos tener un rincón saludable: la meditación, el deporte, la lectura. De los rincones contraindicados como el alcohol y otras pócimas, los juegos de azar y otras podridas manzanas del edén, se mal ocupa la policía. Para este diciembre recomiendo un rincón de lectura, audífonos y repelente para mosquitos y parientes desregulados.

Un rincón de lectura decembrina no debe tener textos técnicos ni ensayos políticos, después de otro año complejo -igual o más que todos- y un porvenir tan incierto como le corresponde ser al porvenir, mejor retirarse a los cuarteles de lo imaginario. Novelas o cuentos pueden acompañar bien las vacaciones. Y me parece que el inglés Julian Barnes (1946) nunca defrauda. Barnes escribe con la desenvoltura del que se goza el oficio; ágil y preciso como si un neurocirujano bailara con el bisturí en la mano; y ante todo magistralmente. Tiene relatos, “nouvelles” y novelas, que equivalen en lenguaje de Netflix, pongámosle a: series, cortometrajes y películas.

Algunas recomendaciones: La Mesa Limón (2004) es de relatos sobre amores no confesados, palabras no dichas, secretos guardados etc; todo ello forcejeando con la finitud de las relaciones y de la vida misma. En “Una historia del mundo en diez capítulos y medio” (1989), ni los abogados ni nadie pueden perderse el capítulo tercero: el juicio formal, con alegatos incluidos, a la carcoma de la madera que corroyó la silla de un Obispo. Una satírica alegoría que alude a lo absurdo de las guerras de religión. Además de placentera, su lectura es una sonora carcajada ante la razón y la locura humanas. Y por falta de espacio, refiero solo un libro más de Barnes: “La Única Historia” (2018), solo ábranlo que desde la primera página remueve el pecho del lector con todo y sus cicatrices, porque ¿a quién no le han bombardeado el tórax alguna vez?. Hay muchos más: “El sentido de un final” (2011), “Inglaterra, Inglaterra” (1998) y solo podría agregar ya lo evidente: soy adicto a Barnes. Ahora arranco con “Elizabeth Finch” (2022). Escojan el suyo.

SAMUEL CHALELA

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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