viernes 15 de mayo de 2009 - 10:00 AM

Himno abucheado

Cada vez se entiende mejor. Somos –querámoslo recordar o no- herederos de la península ibérica; legatarios del arrebato pasional, de la cruz y el puñal.

Creyentes y predicantes de nacionalismos impuestos con la espada, aficionados a los poderes terrenos inalterables y a las banderas de vasallajes. En fin, muy afincados todavía en el pasado remoto feudal, medieval y renacentista. ¿Hay algo más vergonzosamente barroco que una revista Hola?

En medio de una crisis económica abrumadora y apenas saliendo de una indigestión de modernidad -en la que se vio la sociedad española al abrirse repentinamente al mundo después del oscurantismo de Franco-, las pataletas nacionalistas y los rubores monárquicos se tomaron el estadio en el encuentro de fútbol que por la 'Copa del Rey' jugaban el Barcelona y el Athletic de Bilbao. Allí había copa, pero difícilmente podría decirse que jugaba por un rey. Sí, catalanes y vascos rechiflaron a los reyes y al himno español, mientras exhibían pancartas de 'adiós España, somos naciones de Europa' y gritaban desgañitados '… y puta España'. Hasta ahí, ridículos nacionalismos de una juventud agobiada por verdaderas urgencias, que canaliza su angustia en lo único que puede entender: banderas variopintas y algo de violencia.

Por otro lado, los sofocos impúdicos de la televisión estatal, impulsaron a cortar la transmisión de lo ocurrido: prensa que todavía no sabe ejercer la libertad, porque el rey es el rey. Por insulsa que pueda parecer en la era moderna una pugna 'nacionalista', no puede dejar de reconocerse que sería bueno que todo se expresara en abucheos y pancartas. En cambio, cortar la transmisión es una estupidez tan grande como arrancar ciertas páginas a un libro o prohibir algunas películas, pues, a la postre, esa es la génesis de actos tales como disfrazar las cifras, cambiarle el nombre y disimular los crímenes de Estado o perseguir a la oposición.

Un himno rechiflado, una bandera pisoteada o una frase herética (políticamente hablando), producen más vergüenza y escozor en España y en nosotros, los pueblos de ultramar, que la represión de las libertades. Pero siempre que se reprime (una minoría, una idea, una etnia, una clase social), se excluye. Y ahí se engendra un poder ilegítimo, fundado en el concepto de explotar y apabullar (a unos en beneficio de otros), en lugar de servir y proteger (a todos). 

 

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