viernes 30 de abril de 2010 - 10:00 AM

¿Qué tan fácil es ser Ministro?

Pues depende de varias cosas. Ministro de quién, ministro de qué y sobre todo, ¿Ministro por qué?

Gaviria tuvo ministros para trabajar y para hacer política - que es lo que mejor hace Gaviria-; por ejemplo, inauguró la diplomacia de  pasarela y coctel con Noemí y jugó la primera 'operación Jaque' de la familia Santos: nombró a Juan Manuel en el recién creado Ministerio de Comercio Exterior para arrodillar a la prensa. Ser Ministro de Samper era un heroísmo:

administrar crisis económica mientras se hacían malabares para sostener al gobierno, requería de masoquismo o de estar varado esperando 'chanfa'.  Ser Ministro de Pastrana era menos agobiante, se estaban normalizando las relaciones con los gringos pero había que trabajar. El Presidente no era precisamente 'el cerebro de la organización'; con simple sumisión al tío Sam estaba todo resuelto. Ser Ministro de Uribe es verlo decidir, aguantarle fuetazos y servirle de pararrayos a su intocable imagen; esta última es la prioridad y para ello la prensa es sagrada.

Entonces, ser Ministro de Comercio de Gaviria es muy fácil si el Ministro de Hacienda es Rudolf Homes ¿Homes en su rutilante desempeño, dejaría algo para la decisión de Santos, el niño oligarca recién nombrado? Por otro lado, ser Ministro de Hacienda de Pastrana, cuando el país buscaba sobrevivir de la crisis de Samper, se reducía a cumplir las órdenes del FMI que había tomado el control. 'Santos está güete (feliz) con el FMI', decía El Colombiano de Medellín en 2001, para referirse a la pasiva posición del ministrillo. Ni el país ni los trabajadores ni los contribuyentes estaban 'güetes' con Santos ni con el FMI. Albergarse bajo la ancha ruana de Uribe para ser el alfil de la guerra en su segundo gobierno, no es una hazaña; proeza es que Uribe haya logrado retocar las impericias de Juan Manuel. Va mucho de la lucidez de Martha Lucía Ramírez a la histriónica mímica repentista de Juan Manuel.

Si uno es sobrino nieto de un ex presidente y además dueño del periódico más influyente (hasta el 2007 Santos lo fue), no puede pasar ni cerca de la Casa de Nariño porque le meten debajo del brazo el decreto de nombramiento. Esa es la gracia que adornó a Santos, lo demás es tan feo por dentro como por fuera.

 

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