viernes 13 de febrero de 2009 - 10:00 AM

Justicia y prensa

Con la celebración del día del periodista se izaron banderas por la defensa de las libertades de prensa y opinión. En este contexto, me arriesgo a hacer una distinción entre 'informar' y 'opinar'. Obvio, no me refiero al chisme de barrio, ni a la 'opinión' que cada quien tiene: 'yo soy yo y mis circunstancias' dice Ortega y Gasset. Eso es enteramente libre, un único límite quizás: el de la honra ajena.

La diferencia que me propongo hacer, vale para las actividades de informar u opinar 'profesionalmente' -por decirlo así-, que es como se cumplen esas acciones desde la prensa hablada o escrita. Opinar en medios exige claridad pero ninguna objetividad; al contrario, la subjetividad es connatural a la opinión, toda vez que en ésta se aspira a ver vertidas las creencias e ideologías subjetivas del opinante. Cada cual opina entonces lo que le da la gana.

Claro, tienen más éxito los comentaristas formados y expertos, pues así además son guías de opinión. Informar desde la prensa es un acto de pulcra objetividad, por respeto con el lector, radioescucha o televidente. Por eso entreverar un informativo con opinión es un arte que pocos dominan, pues se requiere saber distinguir entre la mención de los hechos (informar) y la publicación de percepciones y juicios sobre dichos hechos (opinar).

Desde que la justicia se ejerce desde la prensa, ha habido un resquebrajamiento de su majestad. No porque ella sea intangible, sino por el desbordamiento que justicia y prensa se han permitido. Por un lado, aparecen los abogadillos de causas faranduleras dejándose tentar por la impropia táctica de llevar al debate de prensa la argumentación jurídica; mientras que entre los periodistas hay quienes exhiben impúdicamente su ignorancia en asuntos legales, emitiendo juicios y condenas. No por casualidad, el litigio se hace ante jueces, letrados en leyes.

Veamos dos extremos en la misma cadena radial. Caracol, tiene en Arizmendi y su equipo un informativo serio en el que los temas judiciales se mezclan con opiniones fundadas por parte de Judith Sarmiento, periodista y abogada. Mientras tanto la W aborda la información con la opinión ya preconcebida, en la que una feria de impropiedades jurídicas se insufla desde las bocas de Casas, Sánchez y De Bedout (este último es verdaderamente audaz en ignorancia), para un resultado funesto: desinformación mal opinada.

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