viernes 25 de septiembre de 2009 - 10:00 AM

La dama de las letras

El arte de comunicar certera y convincentemente, la pulcritud y seducción del mensaje que se transmite y el previo conocimiento, completo y riguroso, de lo que se pretende convertir en crónica escrita, son alcanzables con talento y preparación, pero esencialmente con dos ingredientes imprescindibles: gusto y respeto por lo que se hace. Eso me enseñó Silvia Galvis; me lo dijo así en alguna de las varias ocasiones en que generosamente conversaba sin arrogancias sobre su oficio, pero sobre todo, dejó testimonio de ello en su trabajo.

Silvia fue escritora integral a la manera de muchos latinoamericanos que han hecho del periodismo y la literatura dos vasos comunicantes que pueden servirse y enriquecerse mutuamente. No son pocos: García Márquez, Gutiérrez Nájera, Rubén Darío, Borges, Carlos Fuentes, Onetti, Vargas Llosa, Neruda, Octavio Paz y Julio Cortázar, son ejemplos prolíficos y admirables. Silvia recogió su artillería intelectual en columnas de opinión profundas y concordantes con su pensamiento libre.

Así mismo, acopió en sus trabajos de investigación, su habilidad para hilvanar historias y envolver a sus lectores con la misma delicadeza y coherencia con que asumía el trato informal de la gente a su alrededor. Una dama atractiva que habría podido apertrecharse en la comodidad de su condición, pero que escogió poner su talento en la ruta de su pasión por el estudio, la investigación, el periodismo y las letras.

Silvia fue aguerrida y consistente, una catarata de valentía y una ínsula de humanismo en un medio que se hundía ante sus ojos en las redes dogmatismos y tradiciones atávicas. Defensora de los derechos humanos en un país donde muchos se refieren a ellos como 'alharacas de los mamertos'. Silvia siempre tuvo posición propia, disposición para no tragar entero y suficiente inteligencia para ver más allá de la cómoda posición del privilegiado. Coraje de sobra para emitir opiniones libres y hacer denuncias donde casi siempre reina el silencio. Heredera de una tradición periodística e intelectual muy consolidada, puede decirse que Silvia honró e incluso enalteció el ya brillante periplo vital de su padre.

El 2009 ha sido un año luctuoso para la cultura santandereana. Se ha ido otra grande, una verdadera dama de las letras. Los santandereanos acompañamos el dolor de sus hermanos y de sus hijos Sebastián y Alexandra Hiller Galvis, de su nuera y sus nietos.

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