viernes 09 de enero de 2009 - 10:00 AM

La letra que no entra

Por décadas los colombianos hemos pretendido estar orgullosos de nuestra educación. Orgullo irreflexivo porque no nos basamos en datos, seguimientos o comprobaciones sesudas. Solo lo decimos como otra de esas 'verdades' que aquí solemos dar por sentadas y las dejamos intangibles, flotando en el éter, como aquello de que la estatura de los humanos se indica con la palma perpendicular al piso y la de los animales al contrario. ¿Por qué?; nadie sabe.

Vemos con desdén la educación en países vecinos, sin ver que nuestras desgracias están en buena parte asociadas al descalabro de nuestro nivel cultural. Pudo ser cierto en algún momento que nuestra educación era de un alto grado de humanismo; tal vez en la época de los bachilleres en 'filosofía y letras' y el solio presidencial ocupado por poetas y maestros del gerundio. Había entonces escasa cobertura, la educación era un instrumento de las desigualdades y, claro, hacían falta los tecnócratas para gobernar. Ahora la educación tiene más cobertura pero menos calidad; los tecnócratas abundan pero carecen por completo de formación humanística. Ni siquiera los profesionales (abogados, arquitectos, médicos) pueden distinguir una concepción filosófica de otra o revisar los acontecimientos actuales con el lente de la historia. Se destacan en otros países por su solvencia técnica, pero su escasa educación humanística contribuye a profundizar las fisuras que esta sociedad violenta y desigual ha dejado en su formación como seres humanos.

En la medida en que bajamos en la pirámide social el asunto es peor. Los campesinos secuestradores del doctor Lizcano le preguntaban si el referendo es una persona y si el petróleo sale de una mata que se siembra. Pero no hace falta estar en la selva para estar en la barbarie. Cuando un colega argentino visitó a Colombia hace unos días, habló con un taxista del clima y de que en Argentina ahora es verano, el taxista le preguntó si cuando era diciembre en Colombia también era diciembre en Argentina.

Un individuo que no se cuestiona sobre el significado de 'ser' humano (pregunta esencial de la filosofía), que no ha recorrido las luchas de la humanidad por la libertad y la dignidad del hombre, ni se enfrenta jamás a la evolución del pensamiento, la cultura y la geopolítica, jamás puede alcanzar la 'civilidad' –como la conocemos en el mundo actual-.

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