viernes 16 de enero de 2009 - 10:00 AM

La sinrazón de los holocaustos

No se necesita ser un experto en orientalismo para conmoverse con la situación de crisis humanitaria que vive el pueblo palestino en Gaza. De otro lado, no hay que apelar a la historia antigua y a la primigenia presencia del pueblo judío en la zona, o a su derecho a obtener una reivindicación, al menos geográfica, después del holocausto nazi, para intentar entender el interés de Israel en preservar su vulnerable seguridad en Oriente Medio.

Pero, de cualquier manera, la vida de civiles (entre los que hay menores de edad) está por encima de toda consideración de seguridad, justicia, identidad nacional; primero, en otras palabras, está la veneración que todos debemos tener por la vida y la libertad. Por eso horroriza que haya comentaristas cotidianos, que antes de decidir si es aterradora o no la situación en Gaza, quieran 'entender mejor cuál es la razón del conflicto'. Ninguna causa es suficiente y un país como el nuestro, bañado en sangre por décadas, fragmentado e interminablemente metido en la dinámica de luchar contra unos, para luego tener que luchar contra los otros que exterminaron a los unos, debería entenderlo.

Aunque es muy compleja la situación, puede intentarse verla de manera sencilla: Israel, insertado recientemente en la política mundial como Estado, está amenazado por el fundamentalismo musulmán. Por el sur-oeste Hamas en Gaza; en Cisjordania una colonia aún insipiente que no logra del todo estabilizar la paz y, por el norte el Jezbolá, una organización con brazo político y milicias, peligrosamente apertrechada en el Líbano, país demócrata y neutral que en el sur de su territorio (frontera con Israel) tiene presencia de fuerzas de la ONU y su propio ejército para neutralizar al terrorismo de Jezbolá hacia Israel. Sin embargo, lo que parece una frágil y desarticulada agregación de facciones terroristas (Hamas, Jezbolá, etc.) tiene una audaz instigación por parte de los gobiernos teocráticos de Siria e Irán, con inmensa capacidad para hacer estallar un polvorín mundial.

Amos Oz, israelita y lúcido escritor, señala que el fanatismo no es otra cosa que la lucha entre los que están dispuestos a cualquier cosa por su idea de justicia y aquellos que en cambio están, primero, de parte de la vida. La guerra entraña en sí misma una sinrazón y la barbarie nunca deja vencedores, solo vencidos.


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