viernes 05 de febrero de 2010 - 10:00 AM

Lo que queremos oír en la campaña

Con la eventual ponencia negativa al referendo, la campaña por la Presidencia no solo cambia de protagonistas sino, esencialmente, de temas.

Con Uribe en el juego, la campaña estaría sólo enfocada en ataques personales, frases de cajón sobre continuidad de la seguridad versus formas de afrontar la crisis social. Una pantomima dialéctica para llegar al mismo llanito: 'el culto a la personalidad'. Sin Uribe en el juego, ninguno de los que se sienten 'señalados' o ungidos por el mesiánico presidente (Santos o Arias y no sé cuantos más) arrastrarían su fuerza carismática. Ninguno heredaría la adoración ciega popular, como para lograr que el debate electoral se deslice por encima de los temas de fondo. Y lo que querríamos oír los electores de opinión –excluidos los movilizados por la maquinaria- es algo más que una cursi competencia por el afecto de Uribe, como si se tratara de un internado de señoritas en la lucha por el premio de 'Miss Congeniality'.

Sin Uribe en la campaña, la entelequia de la 'Seguridad Democrática' tendrá que desmenuzarse.

Ese caballito de batalla que, a la postre, ningún ciudadano corriente logra definir concretamente más allá del simple hecho de haber vuelto a viajar por carretera sin la amenaza de las pescas milagrosas, tendrá que desembucharse. Como la Seguridad Democrática no ha sido solo una posición radical de represión militar a la insurgencia, habrá que oír lo que los candidatos piensan sobre otras aristas de esa múltiple estrategia, si es que como tal existe. ¿Cuál será la posición de cada candidato frente a tantos grupos privados de 'seguridad' en el país con los que se sostiene una apariencia de calma? Después de un 'buen gobierno' que costó la destrucción parcial del Estado (constitucionalidad de cajón, concentración de poder, intervención malsana del Ejecutivo en el Congreso y pérdida de independencia de los órganos de Control) ¿cuál sería el compromiso de los candidatos con la reposición de la institucionalidad y el Estado de Derecho? ¿Cómo enfrentaría el nuevo gobierno el rezago en infraestructura que significaron ocho años de improvisación? ¿Cómo se rectificará el despelote que se introdujo en el orden jurídico con reformas degenerativas (como la de la contratación pública, sólo un ejemplo) o regulaciones irresponsables por vía de decreto (como la reciente emergencia social)? Ahora sí salen muchas más preguntas.

 

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