viernes 16 de abril de 2010 - 10:00 AM

Los achaques en las presidenciales

Las presidenciales se están calentando y la presión está haciendo disparar vapores a los candidatos que traen aromas alusivos a lo que se cocina en la cabeza de cada uno.

El primero en hacer ebullición fue el precandidato Arias, a quien la ausencia de valía propia y la aparición de pruebas de su escandalosa participación en la aplicación indebida de subsidios agrícolas, parece no afectarle. Reproduce histéricamente ademanes y acentos del presidente Uribe, sin sentir el más mínimo deseo de agregarle contenido al continente, ni de reparar sus propias faltas. Es lo que los psicólogos llaman 'estrechez del campo de conciencia' y que caracteriza a la personalidad histriónica. Por eso es muy gráfico el apodo del 'Pincher' que Samper Ospina le adjudicó. Noemí está tan ansiosa, que su frivolidad se le escapa de la boca sin amarras. Ligera y errática como ha sido su trayectoria pública, está haciendo más por perder que lo que los demás hacen por ganarle. Además, ¿no conocen ustedes al menos a cinco mujeres mejores que Noemí? Vargas y Santos tienen en común su arrogancia, un narcicismo que sólo Vargas es capaz de sustentar en su discurso. Se cree estadista y tiene un verbo que retrata, como en una ideografía, un talante de gobernante. Sin embargo, Vargas tiene su corazón demasiado cargado hacia la derecha, sufre de lo que el genial Vallejo convirtió en una enfermedad moral: 'dextrocardia'. Santos en cambio, a pesar de que se ve que escudriña en su disco duro cada vez que trata de opinar, se queda corto en los planteamientos y exhibe una lentitud en el discurso que en psicología suele llamarse bradipsiquia; y mejor que así sea, las veces que como funcionario le metió acelerador a la lengua, no pudo equivocarse más. Y si las teorías pasadas de moda de Lombroso y Sheldon sobre la apariencia física como indicativa de las tendencias psíquicas se aplicara, creo que Santos no sería el prototipo de un buen muchacho, docto y sereno. Bueno, después de años de lidiar con un desorden narcisista que asume actitud mesiánica de único portador de verdad y salvación, vamos a romper el aburrimiento.

A Mockus, sano moral e intelectualmente, lo achaca el Parkinson y se lo quieren cobrar. Más vale entonces un presidenciable consciente de su achaque, que varios inconscientes de sus desórdenes.

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