viernes 10 de julio de 2009 - 10:00 AM

No ha pasado un día

Llegadas las vacaciones, los viajeros emprenden jornadas con tropiezos y gratas experiencias que construyen los más variados recuerdos de la media de las familias colombianas. La varada en el medio de la acalorada Bosconia, el mareo en el culebrero Cañón del Chicamocha, el susto de la abuela cuando 'casi se ahoga' en las agitadas playas del Tayrona, la insolación en Cartagena y la intoxicación con mariscos trasnochados. Todo igual.

Y sin embargo, hay constantes más notorias y una de ellas es la situación vial. Bueno, han reparado tramos, han restablecido ciertos deterioros, pero eso se llama 'mantenimiento' y no da para que sigamos diciendo con insulsa candidez que 'la carretera está buenísima'. No tiene matices: las vías principales son las mismas: trazado, ancho y señalización de principios o mediados del siglo XX, para un país demográfica y comercialmente crecido. Se hacen anuncios de grandes inversiones en infraestructura; de tanto oírlos en las décadas recientes ya cuesta trabajo creer. Amanecerá y veremos. Pero llegados al destino (y solo me refiero a los atractivos turísticos), el panorama para el visitante es igual. Los hoteles cambiaron de nombre y ubicación. En Bucaramanga, antes el Bucarica, el Campestre y el Chicamocha; ahora el Dan, el Campestre y el Chicamocha. Y así en Cartagena o Santa Marta. Ni un 'valor agregado' a los atractivos de siempre, pobremente dotados y servidos. En eso, hay que reconocerlo, el Parque Nacional del Chicamocha es una excepción lustrosa y notoria. Un montaje original sobre un atractivo natural. Y ¿las tres perlas del Caribe? Ernesto Mc Causland hizo recientemente una crónica sobre el portentoso futuro de Barranquilla, Santa Marta y Cartagena.

Lamento tener que pensar que allí es donde precisamente no ha pasado un día. Ciudades con potenciales inconmensurables que han sobrevivido a pesar del abandono del gobierno central y, por supuesto, a pesar de ellas mismas. Cómo le haría de bien a las zonas marginales de Cartagena un 'metro-cable' (o algo similar) como el que se hizo en Medellín. Qué deplorable es el estado del acceso, infraestructura, seguridad y promoción turística de la Sierra Nevada. Nada más esos dos ejemplos aterran. Dos verdaderas maravillas cuya situación social y turística es menos que primitiva, a pesar del tesoro histórico y natural que contienen. Creo que llegó el momento de la justicia distributiva regional.

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