viernes 06 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

No los juzga ni la historia

Si para algo habría de servir el fenómeno que ha estrenado el actual gobierno, consistente en mantener inmodificables las cabezas de las carteras ministeriales, sin tener en cuenta, como ocurría en el pasado, el desgaste, la ineficacia o las simples fluctuaciones políticas, sería para concentrar la responsabilidad.

En principio, uno cree que será más fácil señalar responsabilidades en lo administrativo, fiscal o político, derivadas de una mala gestión, si el ministro ha permanecido ocho años en el cargo. Pero esto es un sofisma. Una de las motivaciones de la inamovilidad es también la facilidad que de ella se desprende para manejar la información, fabricar explicaciones y datos históricos y, finalmente, diluir la realidad en justificaciones y 'bajo perfil'. El monopolio de la memoria institucional por un período tan largo, hace que en el tiempo vaya desvaneciéndose lo bochornoso, tapándose o subsanándose, desapareciendo los errores o presentándolos como daños colaterales necesarios, etc. Además, cuando haya relevo, el alcance del 'retrovisor' va a ser mucho más reducido, por falta de memoria, por maquillaje o falencias en la información. La historia depende siempre de quien la cuente. Los protagonistas tienen su propia visión, afectada, claro, por la subjetividad. Ahora, si a eso le sumamos la escasa confiabilidad de las cifras oficiales, podría decirse que el juicio histórico equivale al que pueden formarse los hombres, con respecto a la realidad vista solo a través de sombras proyectadas, de acuerdo con el conocido 'Mito de la Caverna' de Platón. Lo que el DANE hace nunca tiene el enfoque estadístico que serviría para hacer comparativos de avance social.

Pero aquí la realidad emerge cotidiana, sin importar que las sombras de ella (presentadas en cifras oficiales, rendiciones de cuentas y consejos comunitarios) no se parezcan en nada. El atraso en infraestructura vial, el deterioro en la calidad de la educación pública, el descalabro en salud, son perlas de ese vergonzoso rosario. Con los ministros Gallego (Transporte), Palacio (Seguridad Social) y Vélez (Educación), habría suficiente tela qué cortar. Cada uno merece más que una columna de prensa. Y esto sólo en lo que corresponde hacer al gobierno. Pero ha hecho más de lo que le toca: pretender dirigir al legislativo y poner a su servicio a la justicia, con lo que la institucionalidad está más maltrecha que la vía a Cúcuta.

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