viernes 26 de junio de 2009 - 10:00 AM

Oscuridad en la UIS

El asunto de la UIS nos concierne a todos. No soy egresado, pero admiro a los profesionales de la UIS, más que por sus competencias profesionales probadas, por su particular propensión al libre pensamiento, a la tolerancia de las ideas ajenas, a la mente abierta.

Una nota característica que logran inocular en los estudiantes solo las instituciones de educación que honran el significado y contenido de la palabra 'universidad', con todo lo que ella trae a cuestas desde hace siglos: 'libertad de cátedra', cogobierno, autonomía; todos conceptos que enaltecieron a la pionera, a la gran 'alma máter', la legendaria Universidad de Bolonia.

Sobran más explicaciones; la UIS es una joya de la 'santandereanidad'. Símbolo de activismo estudiantil y solvencia intelectual, guía de generaciones, foco cultural y científico, faro de la educación local, etc. Es que no se trata simplemente de una empresa santandereana exitosa, ni de un club social de añejas tradiciones. Que la clase política regional se haya contaminado con atrocidades, o que el empresariado se hubiese salpicado de ilicitudes, o, incluso, que la sociedad tolerase el contubernio con los horrores de la delincuencia organizada, es un descalabro doloroso. Pero que nuestra indiferencia permita la desafiante duda sobre una institución que nutre y guía a nuestros jóvenes, es vergonzoso.

No se trata de juzgar anticipadamente las faltas del cuestionado rector Camacho (ver www.youtube.com/watch?v=1WPDafs0zYI).   

Las autoridades pondrán en su lugar los hechos. Pero, para los santandereanos que no han empeñado su conciencia con compromisos políticos ni con serviles posturas de conveniencia, es bochornosa la reelección de Camacho. La explicación insulsa de que la decisión no la tomaron 3 sino 7, de los 9 miembros del Consejo, ofende la inteligencia más ramplona.

Y ¿cada uno de los 7 podría explicar sus propias razones? ¿Qué razón suficiente puede haber? Un rector universitario no es solo un funcionario, no es un gerente; es un líder moral, un individuo cuya autoridad -sin importar sus condiciones ideológicas, sociales o íntimas- se cifra en la capacidad de iluminar el pensamiento universitario, mostrándole los principios de la vida civilizada: transparencia, respeto por la libertad de pensamiento y expresión y escrupulosa postura frente a la dignidad de la vida. ¿Vamos a permitir que semejante entredicho mine la credibilidad del claustro y, sobre todo, de que lance un mensaje tan equívoco a los estudiantes? 

 

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