viernes 26 de marzo de 2010 - 10:00 AM

Piñata sin sorpresas

Me perdí el debate entre candidatos presidenciales. 'Me perdí', es decir mucho, porque los retazos que he visto una y otra vez en diferido, me hacen suponer que me habría quedado dormido o que hubiese cambiado de canal.

Y 'debate' tampoco fue lo que se vio, pues quedó en evidencia lo que todos sabemos y que, al fin de cuentas, no es culpa de los candidatos: la campaña será precipitada, improvisada, se hará a empujones, y ninguno de los aspirantes podrá mostrarse verdaderamente preparado para debatir, salvo a partir de las capacidades congénitas de cada cual. No hubo sorpresas: un Mockus profundo y de principios firmes; un Santos con un discurso breve y limitado al libreto –si habla más pierde y lo sabe, afortunadamente para él-; una Noemí empantanada en la contradicción entre la imagen de mujer honesta que pretende reflejar y un pasado político veleidoso y acomodaticio; un Rafael Pardo inteligente pero invisible, un Germán Vargas con más pose y voz de caudillo que respaldo popular; un Sergio Fajardo recobrando la talla 'small' de la que nunca debió haber salido y un Gustavo Petro audaz y forzadamente discreto. Se rescata que, a pesar de la hasta hace poco generalizada convicción de que solo había un hombre que podía dirigir a Colombia, vimos al menos seis presidenciables, aunque algunos nos gusten más y otros menos. Habría sido deplorable que la baraja se viera salpicada con la presencia oscura, cínica y bobalicona de Arias.

Las preguntas 'políticas' son aburridas porque esta campaña se lacró con el vicio de reproducir o contradecir el gobierno saliente; las mismas frases de cajón, nada nuevo bajo el sol. En cambio las preguntas sobre temas controversiales (aborto, eutanasia, matrimonio gay, drogas, etc.) dejan al desnudo la posición ideológica y la habilidad política de los candidatos. En estos asuntos hubo más revelaciones: la debilidad conceptual y la inconsistencia ideológica de Santos y Noemí; la firmeza, mente abierta y juridicidad de Mockus, la actitud progresista e institucional de Petro y la inviabilidad que por ahora tienen las candidaturas de Vargas y Pardo. Ojalá dos cortos meses de campaña impongan el voto de opinión. Nota conclusiva: un payaso es a un humorista lo que Jaime Baily es a Jaime Garzón (q.e.p.d.); y un politiquero es a un estadista lo que Santos es a Mockus.

 

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