viernes 13 de marzo de 2009 - 10:00 AM

Tras de cotudos, con paperas

Crecen con el paso del tiempo los signos de extremismo derechista, exclusión y fractura social.

La sola indiferencia del conglomerado culto, en relación con los llamados 'falsos positivos' y la insulsa convicción de que las 'chuzadas' telefónicas son incidentes aislados de manzanas podridas en el servicio de inteligencia del Estado, bastarían para entender que el pensamiento libre y progresista entraron al congelador. La consciencia colectiva no dimensiona los 'anti-valores' que esos hechos encarnan.

Para completar el cuadro, se revelan los resultados de un estudio patrocinado por la Universidad Pedagógica que pone al descubierto la profundidad de la homofobia en Colombia. Allí se denuncian casos como el de un estudiante gay que se ve obligado a usar el baño de niñas porque sus compañeros le impiden el acceso al de hombres. O el asesinato o persecución de líderes y activistas la comunidad gay. Y estadísticas: el 70% de los alumnos se burla de los estudiantes gay, 50% los rechaza y el 20% siente asco de ellos.

Este país, que constitucionalmente se declara 'diverso', resultó que no lo es porque convivamos seres de distintas etnias, preferencias sexuales o religiosas. Lo que hay es una diversidad de racistas, machistas, clasistas, xenofóbicos (¿no?; ¿qué piensa de los ecuatorianos o de los bolivianos, el colombiano promedio?) y para rematar: homofóbicos. Un ambiente propicio para criar individuos inadaptados, resentidos y propensos al crimen y a la autodestrucción. Tras de cotudos, con paperas.

Lo curioso es que en el reconocimiento de las parejas del mismo sexo,  nuestra jurisprudencia ha dado pasos de inmenso valor y profunda racionalidad, que lamentablemente contradicen la realidad salida de los elementos primigenios de la sociedad: la familia (entendida en cualquiera de sus formas y no sólo en la concepción clerical, única y excluyente) y la escuela.

La concepción religiosa, sin sustento racional ni teológico, de la sexualidad como un asunto reducido, exclusivo y oculto, ha construido una barrera frente al reconocimiento de las múltiples dimensiones del ser humano. En eso, como en ideología, raza, religión etc., el paradigma de 'lo bueno' y 'lo malo' que pretende fabricar un individuo 'ideal' y rechazar la diversidad que surge de la libertad  del hombre, sigue siendo germen de barbarie. Por eso un país tan heterogéneo sólo puede mirar hacia delante desde la aceptación y la confirmación cotidiana de las diferencias.

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