viernes 11 de septiembre de 2009 - 10:00 AM

Trillizos, a jugar el jaque

La serena pero audaz decisión de los denominados 'trillizos' de conformar un bloque político, es una novedad refrescante y alentadora; asoma la posibilidad de que no toda el alma democrática popular está perdida; de que todavía hay quien sabe anteponer intereses colectivos a los individuales.

Pero es muestra también de la supervivencia insólita de una especie aparentemente extinta de hombres públicos: los convencidos del respeto del 'orden jurídico' como máxima garantía de la civilización, de la pacífica y constructiva convivencia en medio del pluralismo ideológico y del ejercicio del poder como 'servicio público'.

Sin estridencias ni arrogancias, y con generosidad individual, se abre paso una opción conjunta que en su primer paso público formal (su afiliación al Partido Verde Opción Centro), deja ver una tendencia de centro con claro énfasis en la protección de los derechos humanos. Un trío heterogéneo que reivindica facetas de esa Colombia plural y enteramente ajena a los recientes fenómenos de narcotráfico, fuerzas oscuras de derecha, populismos baratos o terrorismos de izquierda.

Es decir, esa Colombia silente y –hay que decirlo todo- muy apática, que no ha visto un 'narco', un 'paraco' o un guerrillero, sino en la televisión. En efecto, Peñalosa, procedente de esa burguesía capitalina educada y privilegiada, que también hace parte del país 'nacional'; Mockus, un intelectual y académico, hijo de inmigrantes que representa la clase media colombiana y Lucho, un trabajador con historia sindical, con claro sesgo social, componen un ciclo de administraciones distritales que cambiaron las entrañas y la cara de Bogotá con efectividad y pulcro manejo de la cosa pública. Un espejo casi perfecto del país que está hastiado de la polarización y la politiquería

Esta junta constructiva reivindica la fe en los merecimientos de Colombia, este país cuya historia republicana repleta de figuras de talla intelectual y democrática, sobresalientes en el contexto regional, lo hacen esperar de su panorama político algo más que la retrógrada idea del caudillo único y omnipotente, o la filosofía de pasquín de José Obdulio. Involucionar hacia los dogmatismos y la inestabilidad institucional, no es una alternativa en un país con tanta sangre corriendo por las entretelas de su pasado reciente. Con la iniciativa de estos tres tipos, Colombia puede dar una lección de civilización al continente que a la vez sea un hito de rectificación de su propia historia.

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