viernes 29 de junio de 2018 - 12:01 AM

Uno mismo resiste

Considerado un país de tránsito de drogas hacia Estados Unidos y Europa, Ecuador incautó 42 toneladas de droga en 2012, contra 26 toneladas en 2011 y 18 toneladas en 2010.

Los sistemas educativos

-alejados del humanismo- y el poder mediático actual (reforzado en redes sociales, medios digitales) son culpables de haber reducido la libertad de los individuos, de haber masificado la consciencia. Yo le sumaría a estos dos, el ímpetu de las mayorías, es decir esa falacia actual que malentiende la democracia, como la aniquilación del disidente en favor de la perspectiva mayoritaria (ideología, código cultural y hasta lenguaje y simbología preferidos y, por ende, impuestos), lo cual se parece más al fascismo.

El sistema educativo preeminentemente técnico (menos humanista) se aleja de la historia, la filosofía y las artes, para tomar un enfoque puramente pragmático, bajo cuya mirada, lo que se privilegia es la preparación de individuos capaces de insertarse eficazmente al sistema, que no es otro que la acomodación de todos a la producción, el consumo y el crecimiento.

Se trata entonces de moldearlos a lo que “es correcto”, a lo que “debe ser”, a cumplir con las reglas establecidas, desde la ideología hasta los modales aceptables. En otras palabras, dejar de ser uno mismo para ser uno más.

No lo digo yo, lo dice así Heidegger en Ser y Tiempo, donde explica que ese “uno más”, es decir el individuo acoplado al códice de su entorno, vive “bajo el señorío de los otros”. La educación que anula los cuestionamientos (los porqués incómodos de los niños, por ejemplo), no necesita la filosofía, le estorba la historia.

Los individuos así educados (alienados, debí decir) son útiles para seguir la corriente y ayudarla a fluir como piezas de engranaje que reproducen el verso, sino encuentran un lugar en el sistema serán marginados, excluidos. Uno más.

Los jóvenes pelean por la originalidad, retienen inquietud. Se cuestionan, replican, denuncian, incluso algunos resisten el avasallamiento de esas tres máquinas podadoras de ingenio: la educación rígida, el sonsonete mediático uniforme y el ímpetu de la mayoría institucional.

Para no claudicar a la pérdida de esa libertad de ser, pensar y expresar diferencia se debe persistir, desde la academia y las comunidades, en los núcleos permeables al pensamiento y a la originalidad.

Eso es lo que los jóvenes están entendiendo como #LaResistencia, una forma líquida (como esta era) y ligera de pararse frente al totalitarismo, equivalente al célebre susurro “pero se mueve”, atribuido legendariamente a Galileo parado ante el tribunal de la inquisición.

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