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Santiago Gómez
Viernes 24 de mayo de 2013 - 12:01 AM

Ciudad en tránsito

Publicado por: Santiago Gomez

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Hace una semana la Dirección de Tránsito estableció restricciones a la circulación de motocicletas en Bucaramanga. Actuación, además de necesaria, valiente, teniendo en cuenta las presiones que sufrió la ciudad entera durante semanas por parte de los usuarios de estos vehículos.

El hecho coyuntural de las medidas y las protestas, sin embargo, no es el tema de fondo que debe considerarse en el diseño de políticas públicas que modelarán la ciudad a mediano y largo plazo. Si bien la medida es un gran avance, Bucaramanga debe compartir la tendencia mundial que, enmarcada en consideraciones no solo medioambientales, sino también de urbanismo y bienestar ciudadano, desestimula el uso de motocicletas y automóviles y promueve el uso de la bicicleta.

La motocicleta es un síntoma de subdesarrollo económico, la bicicleta de desarrollo. La construcción de ciclorrutas seguras y funcionales debe ser una prioridad en los planes de la ciudad, y esa es una responsabilidad estatal. Menos contaminación, menos accidentes, ciudadanos más saludables y la configuración de una nueva relación del individuo con el medio ambiente son apenas algunas de las ventajas de migrar de una ciudad pensada para las motos a una diseñada para las bicicletas.

Pero si las decisiones tomadas por la Dirección de Tránsito para mejorar la circulación en la ciudad han sido adecuadas y el sistema de lo público se está ordenando y ajustando para promover una cultura ciudadana del respeto a las normas de tránsito, ahora el turno es de la ciudadanía, y debe ser complementado con el cumplimiento de las acciones de hecho anunciadas en la Resolución 287 frente a la aplicación de comparendos a los infractores.

Si bien pueden existir insuficiencias en la malla vial, excusa que justifica erróneamente el incumplimiento de las normas, no habrá malla vial por moderna que sea que haya sido diseñada para que la usen conductores irresponsables y la compartan con peatones irrespetuosos de las normas. Si usáramos bien las vías, entenderíamos que muchas de las incomodidades que achacamos a la irresponsabilidad estatal son realmente ocasionadas por nosotros.

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