viernes 01 de marzo de 2019 - 12:00 AM

Alcalde: hable menos

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Columna de
Santiago Gómez

El discurso de la anticorrupción y la intención de no apropiarse indebidamente de los recursos públicos no pueden justificar el incumplimiento de otras leyes. Las normas se deben cumplir y si no son adecuadas, justas o eficientes para lograr aquello para lo que fueron creadas, deben cambiarse.

El Alcalde de Bucaramanga, como todos los ciudadanos, debe también cumplir las normas y circunscribir sus comportamientos al cumplimiento de las leyes vigentes. Un funcionario público no puede participar en política, pues así lo establecen, entre otras, la Ley 996 de 2005. El video que se hizo viral esta semana con el alcalde y Javier Márquez, candidato a la alcaldía de Málaga, lo acercan, en el mejor de los casos, al límite del incumplimiento legal que Hernández parece pisotear a punta de eufemismos como “yo no participo en política, participo en democracia”.

Es una verdadera lástima que un Alcalde que se jacta de haber acabado con la corrupción en la administración pública local haya adoptado no solo comportamientos, sino discursos que atentan contra las más básicas normas de convivencia, mientras se pasa por la faja las reglas del juego político justo. Esta administración podría ser recordada por la transparencia y la lucha frontal contra la corrupción, pero si los asesores de Hernández no son capaces de controlar sus incontinencias comunicativas, bien podría ser recordada como la alcaldía de los puñetazos, la de los madrazos y la del fin justifica los medios.

La lucha contra la corrupción no admite violencia, el interés legítimo de garantizar el legado que deja una forma transparente de administrar lo público no puede ser la justificación del cumplimiento selectivo y a conveniencia de otras leyes.

Alcalde: hable menos, grite menos. Son sus acciones y no sus discursos los que defienden o destrozan su legado. Dedíquese estos meses a seguir haciendo, gobierne sin agredir y sin irrespetar la ley. Si su forma de gobernar demostró a los bumangueses que el espinazo de la corrupción local puede quebrarse mediante una nueva forma de administrar, su legado está a salvo y los ciudadanos lo protegerán en las urnas.

Eso es lo que necesita Bucaramanga.

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