viernes 30 de octubre de 2020 - 12:00 AM

Alianzas

Eso indica que si el país quiere -por fin- un gobierno que se distancie de “darle en la cara” a su propia gente, el antiuribismo debería unirse en torno a un solo candidato para primera vuelta.
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Columna de
Santiago Gómez

Duque es tan inútil, su liderazgo tan frío, distante y antipático, y sus ejecutorias tan erráticas, que su gobierno vuelve a cualquiera petrista. Que con dos años de anticipación ya estemos, los unos y los otros, advirtiendo la importancia del 2022, solo puede significar que todo el país espera las próximas elecciones para pronunciarse sobre este desastroso cuatrienio.

Y eso es solo otro síntoma que explica la baja favorabilidad de Duque en la encuesta de Cifras y Conceptos, en la que además, los colombianos reprobaron todos los ámbitos de gestión presidencial durante estos dos años largos de mandato.

La del 2022 será, con seguridad, una contienda electoral que deberá decidir entre la continuidad del Centro Democrático o la elección de un gobierno distinto al que diga Uribe.

En las urnas se decidirá la continuidad de este gobierno nefasto y las ideas que lo soportan.

Y si el reto es derrotar al uribismo en las urnas, no solo las encuestas, sino los resultados electorales de primera vuelta presidencial desde 2014, indican que en Colombia desde hace rato votamos más antiuribistas, fenómeno que se puede constatar estadísticamente en las más recientes elecciones legislativas.

Desde entonces, más de 16 millones de votos se han contabilizado por opciones diferentes a las que apoye Uribe en las presidenciales, mientras que solo 14 han refrendado al uribismo.

Y la prospectiva indica que a futuro esa brecha tiende a aumentarse, pues la favorabilidad del “eterno” es, según las encuestas -castrochavistas, por supuesto- la más baja desde que asumió la presidencia a principios de siglo.

Eso indica que si el país quiere -por fin- un gobierno que se distancie de “darle en la cara” a su propia gente, el antiuribismo debería unirse en torno a un solo candidato para primera vuelta. Solo eso les garantizaría la victoria en las urnas y le daría a los partidos de centro y de izquierda una oportunidad única y hasta ahora esquiva para gobernar el país con las prioridades puestas en un lugar distinto al de preservar los privilegios de pocos. Hay que deponer los egos y los protagonismos. Al perro no lo pueden capar tantas veces.

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