viernes 19 de marzo de 2021 - 12:00 AM

Banana Republic

La democracia en Colombia debe superar la época de los articulitos modificados a conveniencia para perpetuar en el poder a gobernantes o legisladores.
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Columna de
Santiago Gómez

Conservadores, la U, Cambio Radical, liberales, Opción Ciudadana y el Centro Democrático. Representantes a la Cámara de estos seis partidos creyeron prudente proponer la radicación de un proyecto de ley que ampliaba los periodos del presidente, alcaldes, ediles, gobernadores, diputados y congresistas. 23 congresistas hicieron el oso de sus vidas, al firmar y luego hundir, antes de radicar, un proyecto que atentaba contra las reglas básicas de la democracia sin argumentos que parecieran de peso.

El rechazo fue tan generalizado que 15 de ellos retiraron sus firmas del proyecto antes de ser siquiera radicado. Incluso Duque y Ramírez se manifestaron públicamente en contra de la propuesta con visos de república bananera que se atrevieron a lanzar quienes inevitablemente pasaron, en un solo día, del anonimato al desprestigio. Improvisación legislativa, incapacidad política, ligereza, tontería, como quieran llamarlo: una metida de patas monumental que enciende las alarmas frente a los riesgos que implican dos situaciones ya comunes, pero igualmente amenazantes. La primera, la baja calidad del debate público y el bajo conocimiento, incluso legal, que de la realidad colombiana y el oficio legislativo tienen quienes ostentan el poder de representarnos. La segunda, la aparición -así sea focalizada- y el reconocimiento público de intenciones de perpetuación de micropoderes locales y regionales que aparentemente buscan favorecer intereses individuales o partidistas.

La democracia en Colombia debe superar la época de los articulitos modificados a conveniencia para perpetuar en el poder a gobernantes o legisladores. Se ejerce dicho honor, en principio y principalmente, para los demás, no para quien posee el poder de decidir las leyes. Hacer uso del poder otorgado por otros para favorecerse a sí mismo es uno de los males endémicos de este país. El retiro de esas 15 firmas antes de la radicación del proyecto demuestra que los protagonistas no calcularon el nivel de torpeza que cometían, demuestra que no representaban auténticamente intereses comunes, pues si así fuera hubieran defendido con argumentos su intención. Demuestra también, que los medios de comunicación y las redes sociales tienen el poder de modificar acciones que consideren inadecuadas en el actuar legislativo.

De la que nos salvamos.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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