viernes 14 de junio de 2019 - 12:00 AM

Bandazos irreflexivos

Importante sería reivindicar el disenso argumentado y sincero en una sociedad como la nuestra. Y a la prensa... le corresponde un lugar protagónico en este cometido.
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Columna de
Santiago Gómez

Tal como dijo Juan Gossaín en su reciente columna sobre ética y periodismo, en el caso de Coronell y Semana, primero el dueño desautorizó al director ordenándole despedir al columnista a quien previamente su jefe había autorizado a publicar, luego la hija del dueño y el director se reunieron en Miami para convencer al columnista de volver a la revista. Ahora, la hija y el director desautorizando al dueño.

Bandazos irreflexivos –los dos– motivados por pensamientos en caliente que buscaban defender los egos heridos de personalidades dominantes y que poco fueron capaces de entender los fines últimos de un oficio noble –cuando es bien hecho– como el periodismo y que se dejaron arrastrar por motivaciones individuales.

La Revista debió entender que el periodismo debe ser crítico cada vez que tiene pruebas y motivos evidentes para serlo y Coronell debió entender que desenmascarar el error de sus jefes no requería una exposición pública a su empleador como la que escogió ejecutar para defender sus principios. La existencia de jerarquías dentro de las organizaciones realmente sirve para asignar responsabilidades e institucionalizar mecanismos de rendición de cuentas de manera escalonada y precisa, por eso resulta extraño el juego de desautorizaciones que Gossaín hace evidente en su excelente columna.

Desafortunadamente para el periodismo colombiano, la revista Semana quedó herida en su credibilidad, pero también –desafortunadamente para ellos– el clima organizacional de dicha empresa quedará enrarecido por un buen tiempo como consecuencia de lo sucedido: jerarquías desdibujadas y desestimadas, desautorizaciones que generan desconfianza, decisiones públicas arrebatadas con arrepentimientos –también públicos– casi inmediatos, individualidades con agenda propia imponiéndose sobre preceptos misionales consolidados y canales de comunicación rotos entre cargos estratégicos.

La buena comunicación es fundamental para construir confianza. Y la comunicación no solo es buena cuando está exenta de confrontación sino cuando principalmente privilegia el respeto. La confianza es fundamental para la convivencia y la buena convivencia es fundamental para tener tranquilidad.

Importante sería reivindicar el disenso argumentado y sincero en una sociedad como la nuestra. Y a la prensa –que por su naturaleza siempre debe ser autocrítica– le corresponde un lugar protagónico en este cometido.

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