viernes 15 de febrero de 2019 - 12:00 AM

Caos vehicular

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Columna de
Santiago Gómez

El tráfico de Bucaramanga no se arregla con más ni con mejores vías, sino con menos carros y motos circulando con mejores conductores, así como con peatones más respetuosos de las normas básicas de movilidad ciudadana.

Los trancones en esta ciudad no obedecen nunca a falta de espacio y casi nunca al mal estado de las vías, pero sí a malos usos de la malla vial y del espacio público. Autos parqueados en la calle, muchas motos zigzagueantes, peatones que no cruzan las calles en los momentos permitidos o por los lugares establecidos para ello, conductores no suficientemente diestros que comenten imprudencias al volante, son amenazas no solo a la seguridad vial, sino al flujo normal de automotores en una ciudad inculta e irrespetuosa cuando de convivencia se trata. Todo ello alimentado por la insuficiente fuerza policial encargada del control de las infracciones de tránsito y por un parque automotor que crece de manera descontrolada. Pocos ejemplos evidencian como este el triunfo de lo individual sobre lo colectivo, el del egoísmo de una ciudadanía para la que casi siempre prevalecen los intereses particulares sobre el bien común. El triunfo también de los intereses comerciales derivados de la venta de automotores sobre valores que potencialmente pueden favorecer la convivencia ciudadana.

Sin embargo, nada más fácil que culpar a otros de los problemas. Según Bucaramanga Cómo Vamos, solo la mitad de las personas está satisfecha con el estado de las vías y el 40% con el espacio público de la ciudad, pero solo uno de cada tres ciudadanos está conforme con la manera en que se controla el cumplimiento de las normas de tránsito. La política de movilidad debe estar inevitablemente ligada a estrategias efectivas de mejora en los comportamientos derivados de la cultura ciudadana. Solo mejores ciudadanos respetan las normas y permiten descongestionar las vías para lograr flujos vehiculares que mejoren los tiempos de desplazamiento. Bucaramanga requiere más cultura que asfalto, menos polución, más tolerancia y respeto al volante. Más garrote para los infractores y más zanahoria para quienes dejan sus carros en casa.

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