viernes 26 de junio de 2020 - 12:00 AM

Carita triste para Colombia

Ojalá esta pandemia nos permita entender que los autoritarismos, sin importar el matiz político del que se disfracen, limitan las libertades de todos
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Columna de
Santiago Gómez

Es un acto de heroísmo civil, pero principalmente de sensatez humana, reconocer que aún quienes fueron nuestros héroes políticos, pueden haber cohonestado con alguna o varias de las muchas mafias que han perjudicado a este país y su ciudadanía desde hace tanto tiempo. Aprender a distanciar esos espejismos de moralidad y poder interesado de nuestras convicciones y afinidades nos hace mucho mejores seres humanos. Y más vale tarde que nunca.

En este país donde las tragedias familiares de estrato seis se tratan, atienden, reconocen y castigan, si fuera jurídicamente necesario, de manera diferentísima a las tragedias familiares de estratos bajos, haciendo incluso diferenciaciones perversas que hacen que las unas sean delitos y las otras apenas errores infortunados, lo primero que debemos empezar a hacer es pensar con criterio político, en el sentido amplio y originario de la palabra. Esto es, con sentido común y no meramente para satisfacer pulsiones individuales mediante nuestra interacción con lo público.

En este país de la paja en el ojo ajeno, pero nunca de la viga en el propio, el del “no busquemos culpables sino soluciones” como estratagema para evitar asumir responsabilidades, se siguen violando -literalmente- los derechos fundamentales de las minorías por parte del Estado, pero también la ciudadanía sigue saltándose las más mínimas normas de convivencia ciudadana cada vez que se le da la gana.

Ojalá esta pandemia nos permita entender que los autoritarismos, sin importar el matiz político del que se disfracen, limitan las libertades de todos y eso restringe, en ocasiones muy sutilmente, nuestra capacidad de ejercer una ciudadanía plena y responsable. El Estado debe renunciar a esa tentación, que parece convertirse en obsesión, pero los ciudadanos deben aprender también a autorregular acciones temerarias como la reflejada con su comportamiento del día sin IVA, que habla peor de la sociedad en la que vivimos que de sus gobernantes (con lo difícil que eso resulta en Colombia).

Es hora de que nuestro país valore más los matices políticos, no todo debe ser caliente o frío, porque sino un día de estos se nos va a escurrir el país por los extremos.

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