viernes 24 de julio de 2020 - 12:00 AM

Circo

La política en Colombia seguirá siendo la misma que privilegia intereses individuales, mientras sigamos votando a congresistas a cambio de prebendas...
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Columna de
Santiago Gómez

Este pasado 20 de julio se realizó la instalación del nuevo periodo de sesiones en el Congreso. Pasó de todo. A Duque se le olvidó instalar las sesiones, pero no saludar al senador Uribe, a quien el propio secretario del Senado no dejó de llamar Presidente. Gajes del oficio.

La Vicepresidente publicó en sus redes, de manera apresurada y con poca precaución, un video en el que su jefe se refería a Aída Abella como “vieja”, lo cual en sí mismo podría no constituir el irrespeto que la oposición quiso evidenciar, pero que demuestra lo descontrolada que está la estrategia comunicativa de Palacio y los descuidos costosos de sus voceros, que no pueden dar papaya en momentos en que el palo no está para cucharas.

El senador Richard Aguilar votó dos veces aprobando los impedimentos interpuestos al candidato que resultó finalmente elegido como nuevo Presidente del Congreso, aun siendo de su mismo partido. Le tocó recular cuando el secretario le preguntó las dos veces si estaba seguro de su voto. Cualquiera puede equivocarse cuando hay que seleccionar entre un “Sí” y un “No”.

El saliente Presidente -quien también tuvo que rectificar su voto- exigió a los senadores que activaran la cámara de video de sus dispositivos, condición que no se cumplió en muchos de los casos, por lo que públicamente muchos se pasaron por la faja la recomendación para dar transparencia a las elecciones en curso. La tecnología le queda grande a muchos congresistas, pero hay que dar ejemplo también en ello.

Pero el espectáculo circense llegó a su clímax con la elección como presidente de un ausentista, cuestionado por su presunta vinculación a procesos de venta y compra de votos en elecciones regionales, asociados con figuras non sanctas como Aída Merlano, pero que más allá de ello, que no ha sido prolífico en la presentación de proyectos de ley.

La política en Colombia seguirá siendo la misma que privilegia intereses individuales, mientras sigamos votando a congresistas a cambio de prebendas. Ellos seguirán amangualándose para satisfacer sus necesidades hasta que no empecemos a votar para reivindicar el bien común.

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