viernes 16 de abril de 2021 - 12:00 AM

Colegios de vanguardia

Los jóvenes tendrán más posibilidades de ser más exitosos si conocen, comprenden y tienen capacidad de ser críticos con el mundo que les rodea
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Columna de
Santiago Gómez

Los colegios deben dedicar muchas más horas a formar a las nuevas generaciones en el desarrollo de habilidades blandas, que no se aprenden necesariamente en un libro de texto. También las universidades deben reforzar dichos aprendizajes desde la práctica y a través de experiencias que vinculen a los estudiantes con ejercicios en ambientes no necesariamente académicos.

Es fundamental que los jóvenes tengan pericia para comunicarse digitalmente, de manera pertinente y efectiva, pero también deben recuperar las habilidades de escritura y lectura, claves para comprender el mundo que los rodea. La necesidad de dominar una segunda lengua es definitiva para moldear su desempeño futuro en un mundo global, pero sin descuidar sus competencias nativas. Las tildes siguen comunicando y no pueden ser simplemente olvidadas.

Igualmente, el conocimiento contextual sigue siendo fundamental. Los jóvenes tendrán más posibilidades de ser más exitosos si conocen, comprenden y tienen capacidad de ser críticos con el mundo que les rodea, pero también afinar sus competencias emocionales, la empatía, la tolerancia, la capacidad de atender las necesidades de otros, habilidades en las que más difícilmente podrá ser reemplazado en el mercado laboral por inteligencia artificial.

También, los colegios deben reforzar su capacidad para formar ciudadanos que tienen capacidad de enseñar, no necesariamente como docentes, sino como personas que interactúan y replican sus aprendizajes cotidianos. La capacidad para transformar la vida y el mundo, propio y de quienes nos rodean, debe ser una competencia prioritaria de la formación de los jóvenes colombianos, que también deben cultivar con la práctica, su capacidad de establecer conexiones significativas con sus pares para que les provean de redes de apoyo amplias y aumenten exponencialmente su capacidad de relacionamiento pertinente en una sociedad cada vez más compleja y, paradójicamente, más individualista.

Pero, por último, los colegios deben reforzar la enseñanza de lo ético, no únicamente desde las voces de los filósofos de la antigüedad, sino principalmente desde la metodología de casos. La ética es más práctica que teoría. Nuestros jóvenes deben entrenar el músculo ético para estar mejor preparados y evitar los esguinces que el mundo querrá provocarles en ese sentido.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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