viernes 27 de marzo de 2020 - 12:00 AM

Comunicación

Todos entendemos ahora, a las malas quizás, que resulta clave la interacción soportada en información efectiva y que circula a través de canales oportunos.
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Columna de
Santiago Gómez

Día diez de encierro y la gran conclusión es que junto al sistema de salud, por razones obvias, lo único que no se ha detenido –o siquiera ralentizado- es la comunicación. Las operaciones de las empresas se limitaron, dadas las circunstancias de la contingencia generada por el COVID-19, con costos que aún están por verse pero que serán altísimos, sin embargo la necesidad de comunicación pudo abstraerse a la emergencia y fortalecerse con la ayuda de la tecnología mientras se ha hecho más necesaria y cobró mayor sentido como soporte de la salud mental colectiva de las sociedades hoy encerradas.

La comunicación (a través de los medios, la de carácter organizacional o aquella entre individuos) salió fortalecida de esta coyuntura. En situaciones difíciles y excepcionales como esta, la tabla que nos mantiene a flote y lo que nos garantiza un mínimo equilibrio requerido para que sigamos funcionando como sociedad es la comunicación.

Todos redimensionamos la importancia de la información y valoramos aún más aquella que es buena. Todos entendemos ahora, a las malas quizás, que resulta clave la interacción soportada en información efectiva y que circula a través de canales oportunos. Extrañamos lo que siempre dimos por hecho. No hay socialización sin comunicación.

Los estudiantes jóvenes que desde la comodidad de la presencialidad preferían sumergirse en sus redes sociales mientras los profesores batallábamos por llamar su atención, hoy extrañan el contacto y empiezan a sentir que la cercanía física, mediada por la infraestructura y la seguridad que les daba un salón de clase, eran categorías que reforzaban su aprendizaje y motivaban la práctica, a pesar de que muchas veces las dieron por hecho. Hoy las tecnologías y la comunicación que se materializa a través de ellas, nos han permitido seguir avanzando de manera eficiente, pero diferente. No hay educación sin comunicación.

Los departamentos de comunicación organizacional de las grandes empresas, aún después de haber cerrado sus operaciones, se mantienen activos (y quizás más activos que nunca) para preservar la esperanza en un pronto retorno a la normalidad. El mundo nos ha dado muchas lecciones en estos meses y especialmente en estos últimos días.

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