viernes 28 de mayo de 2021 - 12:00 AM

Conversión

Nada más polarizador que la mentira. Nada genera más desconfianza que la falta de transparencia. En este país la forma de hacer política debe cambiar, principalmente, adoptando un lenguaje coherente y consecuente, sincero.
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Columna de
Santiago Gómez

Otro de los grandes logros de la manifestación ciudadana mayoritariamente pacífica que se ha prolongado ya por un mes, fue poner a algunos de quienes votaron por el No al Acuerdo de Paz, a muchos de quienes celebraron durante años el lenguaje violento y polarizador de “le doy en la cara” y el “plomo es lo que hay, bala es lo que viene” y a quienes quisieron gobernar “haciendo trizas” la paz, a hacer declaraciones públicas diciendo que la violencia, el vandalismo, la agresión verbal y la confrontación no son la salida al callejón en que nos metieron. No puedo estar más de acuerdo. Esta conveniente conversión -sincera o no- es un gran paso para desnaturalizar el lenguaje agresivo y las actuaciones violentas que se usan para reivindicar posiciones políticas u obtener beneficios electorales.

El partido que nos puso deliberadamente a “votar verracos” ahora nos hace un llamado de prudencia y nos invita a marchar de manera pacífica y a protestar sin entorpecer el legítimo ejercicio de los derechos de los demás, como debe ser. Algo parece estar cambiando, aunque sospecho que la transformación puede no ser auténtica ni duradera. De vez en cuando siguen haciendo daño algunos “compañeros que no cuidan las comunicaciones”, como ahora la senadora Holguín exigiendo que dejemos de “llorar por un solo ojo”, en una frase que pudo ser descontextualizada pero que es, en el mejor de los casos, inoportuna y ofensiva.

La violencia real, simbólica o discursiva nunca será la salida, ni el medio correcto para imponer posiciones ideológicas. No lo fue durante los veinte años anteriores, cuando provenía del megáfono del establecimiento y sus medios amigos, no lo es ahora cuando los vándalos – ya sea de camisa blanca o capucha- destruyen, hieren o asesinan para expresar su descontento o el miedo a perder sus privilegios.

Nada más polarizador que la mentira. Nada genera más desconfianza que la falta de transparencia. En este país la forma de hacer política debe cambiar, principalmente, adoptando un lenguaje coherente y consecuente, sincero. Un lenguaje que no gire al son de una veleta, tras el viento de las inminentes necesidades electorales.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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