viernes 29 de marzo de 2019 - 12:00 AM

De crisis y redes sociales sobrevaloradas

Pensar que toda la comunicación debe hacerse hoy en redes sociales y que estas son la panacea, es una exageración
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Columna de
Santiago Gómez

Seguir enseñando comunicación y periodismo de la manera en que una amplia mayoría de las facultades colombianas lo continúan haciendo hoy, sin atender de manera decidida a los cambios profundos y vertiginosos que han tenido sus respectivos campos de acción como consecuencia, no solo del cambio tecnológico, sino de una nueva configuración de las audiencias, es como si se hubiera seguido enseñando contaduría pública sin tener en cuenta el efecto que sobre el desempeño de sus profesionales y el ejercicio disciplinar han tenido las NIIF.

Hoy se comunica diferente a como aprendimos en los años noventa. Incluso hacer televisión, radio o prensa como se hacía en el año 2000 es un despropósito que ignora deliberadamente las necesidades de un novedosísimo ecosistema comunicacional.

Parcialmente, por causa de ello, se han desatado las crisis de las cuales son síntoma los despidos recientes en medios masivos de comunicación nacionales y regionales. Las facultades de comunicación se deben reinventar, deben afinar su capacidad de entender qué competencias estratégicas y funcionales deben desarrollar sus egresados en el mediano plazo. Pero también los medios de comunicación deben ajustar sus modelos de negocio a la nueva realidad de mercado, así como también las empresas redimensionar el papel que juega la comunicación estratégica para sus logros misionales. Estamos en un momento crucial que exige, por fin, cambios drásticos de modelo que impactarán la práctica de la comunicación.

Pero no por drásticos deben ser cambios extremos. Por ejemplo, pensar que toda la comunicación debe hacerse hoy en redes sociales y que estas son la panacea, es una exageración que puede ser contraproducente. Un petrista no dejará de serlo por lo que lea en redes sociales, un contradictor de la minería legal no dejará de serlo por lo que publiquen las empresas mineras en redes. Usarlas para convencer de posiciones ideológicas fuertemente arraigadas es un error que lo único que hace es atizar las brasas de una discusión que puede convertirse en viral muy pronto y terminaría dando visibilidad a contradictores vehementes que usan esa condición para continuar desprestigiando.

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