viernes 24 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

De nuevo, a mis estudiantes


No más balas, no más piedras, lo que necesitamos es un mundo con muchos más libros leídos.
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Columna de
Santiago Gómez

En un año duro y emocionalmente desgastante para quienes seguimos con pasión el devenir nacional, cuando ya es momento de hacer cierres simbólicos, solo se me ocurre agradecer y felicitar a todos quienes intentaron cambiar la realidad, pensando en el bien común y no en favorecer únicamente sus necesidades individuales. Para el año próximo, especialmente retador y decisivo, en el que podrán modificarse sustancialmente aquellas actuaciones y esos enfoques de lo político y lo público que nos angustian, la potencia movilizadora de los jóvenes y el raciocinio revolucionario de los estudiantes serán protagonistas.

Los jóvenes entendieron en 2021, afortunadamente, que la educación es el verdadero motor del cambio. Que el bienestar colectivo aumenta solo en la medida en que se usen el conocimiento y la inteligencia para modificar los comportamientos individuales en busca de lograr intereses compartidos por vías no violentas. Sin estudiantes no se puede cambiar el mundo: la fuerza de su acción se vio la semana pasada reflejada en los resultados electorales de Chile. Sin una participación electoral masiva de jóvenes comprometidos políticamente y críticos del statu quo no se hubiera podido imaginar el cambio social del Cono Sur, ni en los ochenta ni hoy.

Los jóvenes entendieron que se estudia para tener y aplicar las herramientas que nos permitan mejorar el estado de las cosas, para enfrentar colectivamente mejor los retos que nos imponen estructuras selectivas en la distribución del bienestar social que hemos heredado durante siglos, justamente porque quienes son excluidos por esas castas no han tenido ni las capacidades ni el interés decidido de cuestionarlas inteligentemente. Solo entonces el mundo cambia para bien. Las dictaduras, los gobiernos democráticos autoritarios y las injusticias sociales solo han cedido históricamente ante el ímpetu de generaciones lideradas por jóvenes educados y comprometidos con el cambio.

Por eso hoy celebro y agradezco a los estudiantes que no han cedido ante un apabullante sistema que los manosea constantemente y les utiliza convenientemente para lograr perpetuar estructuras cada vez más excluyentes. No más balas, no más piedras, lo que necesitamos es un mundo con muchos más libros leídos.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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