viernes 28 de enero de 2022 - 12:00 AM

Debate

Este país necesita ahora a alguien que lo lidere desde la última orilla: la del diálogo constructivo entre pensamientos diversos. Ganaron quienes argumentaron y perdieron quienes confrontaron.
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Columna de
Santiago Gómez

Esta semana se llevó a cabo el primer debate de candidatos presidenciales. Destacada la seriedad de Mompotes y gracioso el tono de reinado que usaba Dávila en sus intervenciones. Metodológicamente cuestionable tener tantos participantes en un formato que debe promover la participación profunda, lo que quedó evidente por la falta de control casi total que los moderadores demostraron frente a los invitados. Se hizo más lo que querían los candidatos que lo que esperaban los periodistas. Por último, creo que debemos reconocer que el formato de debate, en los términos que tradicionalmente se ha visto, está agotado. No sirve para tomar decisiones, sino para reafirmar posiciones, que no es poco, pero es apenas una condición necesaria, no suficiente, para una elección adecuada.

Varios candidatos demostraron que están siendo asesorados (en lo comunicativo y lo programático) por “expertos” que los están engañando, haciéndoles actuar como si estuviéramos a principios de siglo. Así mismo, quedó evidente ante todos, y eso también como consecuencia de las asesorías arcaicas que recibieron, a cuáles candidatos les interesa sobresalir mediante el ataque y la confrontación, y cuáles prefieren la línea argumentativa y el respeto por lo que los demás aportan al debate. Este país necesita ahora a alguien que lo lidere desde la última orilla: la del diálogo constructivo entre pensamientos diversos. Ganaron quienes argumentaron y perdieron quienes confrontaron. Este país no resiste más elecciones por descarte, votando por el menos malo, por eso el tono de la comunicación debe ser positivo y respetuoso. Atacar a Petro no puede ser el mecanismo para destacar, atacar al uribismo no construye una idea poderosa en torno a lo que propone quien busca sobresalir como líder.

Refrescante la aparición de Francia Márquez en el debate. Fue de las que menos habló, pero más dijo, señalando en su tono informal muchos de los problemas realmente estructurales de este país, acusando a sus contertulios como responsables del desbarajuste actual. Bochornosos, pero constructivos, los enfrentamientos de la Coalición Centro Esperanza. Superar las diferencias es un gran ejercicio que deben culminar sus miembros, pero hacerlo de manera pública puede ser muy riesgoso electoralmente.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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