viernes 17 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

El Fiscal ignorante

Ignora el Fiscal -o prefiere olvidar convenientemente- que acusar de delincuentes a los críticos de su gestión, o la de cualquier otro funcionario público o institución estatal, lo acerca más a las prácticas de los oscuros regímenes dictatoriales...
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Columna de
Santiago Gómez

Se hizo público un video en el que Francisco Barbosa pisoteó las bases de la democracia y señaló a quienes critican las actuaciones de nuestras instituciones como delincuentes. “Cada día que hay críticas a la acción de la Fiscalía General de la Nación, siempre hay que encontrar detrás a algún delincuente parapetado”, dijo en una pieza audiovisual oculta en el canal de Youtube de la propia Fiscalía.

O ese señor sigue demostrando que hablar tampoco es lo suyo y que de español sabe poco, o señaló como delincuentes, públicamente y sin resquemor, a periodistas, magistrados, jueces, columnistas de opinión que le hemos criticado e incluso a ciudadanos desprevenidos que siguen sin entender muchas de sus actuaciones públicas.

El Fiscal que visitó San Andrés con su familia en medio de las duras restricciones de la pandemia ahora acusa a quienes cuestionan las instituciones en una democracia. El señor Barbosa ignora que la oposición y las críticas u objeciones al desempeño público deben estar garantizadas y que señalar a quienes lo juzgan, lo alejan de su función en el marco de un Estado de Derecho.

Ignora Barbosa que la oposición discrepante es indispensable para ejercer como contrapeso a los abusos y errores que eventualmente cometan los gobernantes. La crítica es uno de los principios fundantes de las democracias modernas, es imprescindible para el funcionamiento equilibrado de las instituciones. Ignora el Fiscal que la oposición legítima al Estado promueve y exige mayor transparencia en su accionar, se constituye en motor que viabiliza nuevos proyectos políticos y garantiza la participación de quienes no comulgan con el statu quo.

Ignora el Fiscal -o prefiere olvidar convenientemente- que acusar de delincuentes a los críticos de su gestión, o la de cualquier otro funcionario público o institución estatal, lo acerca más a las prácticas de los oscuros regímenes dictatoriales de la segunda mitad del siglo pasado en América Latina.

Un gobierno democrático no puede seguir intentando acallar a quienes piensan diferente. Es el colmo que funcionarios que representan supuestamente el interés colectivo se burlen así del sistema democrático que ellos mismos se precian de salvaguardar.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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