viernes 14 de agosto de 2020 - 12:00 AM

El gran elector

Así, quedó más claro que nunca que el gran elector del Centro Democrático es el abstencionismo. Ese 46% de colombianos que pudiendo votar no lo hacen...
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Columna de
Santiago Gómez

Las reacciones a la detención del expresidente Uribe demuestran que el gran elector del uribismo no es ya el ganadero cordobés, ni el terrateniente que recuperó la posibilidad de ir a su finca, ni el conservadurismo santandereano, ni el antioqueño que cuelga videos en redes borracho echando tiros al aire y gritando en favor de su coterráneo. El gran elector del uribismo ya ni siquiera es el detenido Uribe.

Las encuestas de la última semana, que miden la opinión de la ciudadanía y sus afinidades políticas como reacción a la detención del senador, establecen que, en el caso más favorable a sus intereses, el 64% de la ciudadanía está de acuerdo con la decisión de la Corte. En otras mediciones publicadas por los principales medios de comunicación del país tan pronto se conoció la decisión, los índices de aceptación a la medida de aseguramiento superaban el 90% en ciudades como Cali y Bogotá. Las poco concurridas caravanas que se dieron como respaldo al senador -con pandemia, también sea dicho-, distan mucho de las manifestaciones públicas multitudinarias de ciudadanos rechazando el gobierno actual, que en la misma encuesta de Datexco, cuenta con apenas un 26% de aprobación.

Así, quedó más claro que nunca que el gran elector del Centro Democrático es el abstencionismo. Ese 46% de colombianos que pudiendo votar no lo hacen, es el que ha determinado que, durante estos años, el uribismo sea una tendencia política omnipresente en la historia del país. Es gracias a quienes no votan, pero luego se quejan del gobierno que por defecto eligieron, que Uribe ha sido -para lo bueno y gravemente para todo lo malo- protagonista de la política colombiana reciente.

La única forma efectiva de demostrar el apoyo a las decisiones de la Corte, la mejor manera de tener gobiernos legítimos que se acerquen más a aquello que creemos necesitar para que el país mejore, es votando. Ojalá el silencio deje de definir el destino político de los colombianos. Que acabe ya la política por defecto. Ese es uno de los principales aprendizajes que nos deja la histórica decisión de la Corte.

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